El exceso de amor podría perjudicar a tus mascotas

Humanizarlas puede llevarnos a tomar decisiones que los afecten física y emocionalmente.

Ropa de diseño, tratamientos capilares o tinturas y hasta jornadas de spa: hoy en día es posible encontrar miles de opciones para nuestras mascotas. Pero la pregunta es ¿realmente ellas necesitan de todas esas cosas?

Aunque nadie pueda poner en cuestión el amor que nos impulsa, muchas veces equivocamos la manera de expresarlo.

Todos sabemos que, por ejemplo, nuestros perros o gatos necesitan mantener hábitos de higiene, pero una cosa es la higiene y otra muy diferente, la cosmética.

Aunque en esta ciudad la tendencia aún no está muy instalada, es común escuchar que se ofrecen tinturas o baños de keratina para perros, un procedimiento muy habitual entre las mujeres para revitalizar el pelo y eliminar el frizz.

Sin embargo, ellos no sólo no lo necesitan, sino que hacérselos podría generarles algún tipo de reacción alérgica, a pesar de que estos productos son promocionados como hipoalergénicos.
El problema, por supuesto, no están en ellos, sino en nosotros y en esa peligrosa tendencia a humanizarlos. ¿Por qué peligrosa? Porque muchas veces lo que es bueno para nosotros no lo es para ellos y podríamos afectarlos física y emocionalmente.

"La crueldad no simplemente existe cuando le pegás al perro, lo amarrás o lo dejás en la terraza al sol, existe también cuando le das amor, amor, amor", ha expresado en reiteradas ocasiones César Millán, el especialista reconocido como "el encantador de perros".

A lo que se refiere es a que inconscientemente los estamos perjudicando.

Más allá de los problemas físicos, como enfermedades o accidentes generados por ropa o accesorios poco adecuados, el impacto negativo más significativo suele verse en el comportamiento: tratar a un perro como si fuera un bebé o mimarlo en exceso puede generarle ansiedad y un apego emocional desmedido.

Eso podría ocasionar que, por ejemplo, cada vez que salimos de casa, él realmente sufra y llore hasta nuestro regreso. A eso se suma el hecho de que podría romper todo a su paso y hasta tener problemas de incontinencia urinaria.

"Para un perro, el ser humano es parte de su manada. Para que una manada funcione, necesita estructura y jerarquía. Esta siempre estará liderada por un alfa y cuando se trata a un perro como humano, este va a creer que es él", explica el licenciado David Peiró, y advierte: "Ser alfa significa instruir disciplina, pero esto no debe confundirse con maltrato o indiferencia".

Cómo evitar causarles daño

Cada vez que estemos tentados de hacer alguna cosa que podría perjudicarlos, podemos preguntarnos con qué propósito hacemos lo que hacemos y quién lo necesita realmente, si el animal o nosotros. Otra cosa a tener en cuenta es que el comportamiento de los perros está un 80% determinado por factores ambientales y sólo un 20% por cuestiones genéticas. Esto sirve para cuestionarnos cómo lo estamos educando.

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