ver más

El fantasma del fracking y un debate que sigue pendiente

La polémica por la extracción de recursos no convencionales a través de la fractura hidráulica podría ser un buen disparador para una postergada reconversión productiva.

Por Ramiro Morales

A favor y en contra del fracking y del acuerdo con YPF. Ese fue el tema de conversación excluyente en la opinión pública neuquina durante la semana que pasó.
Fue una semana caliente que tuvo su pico de tensión más elevado el miércoles cuando la Legislatura trató y aprobó el convenio firmado con YPF para prorrogar el área Loma Campana, que explotará en asociación con Chevron. Lo hizo con 25 votos a favor, dos en contra y ocho ausencias mientras en las afueras de la casa de las leyes se desató una batalla campal entre manifestantes que se oponían al convenio y la Policía.
Las protestas tuvieron dos ejes bien diferenciados: la técnica de la fractura hidráulica, por un lado, y el aval para que la empresa Chevron opere en territorio neuquino, con una serie de cláusulas confidenciales que fueron las que despertaron la polémica.
¿Es natural el miedo a la técnica de extracción de hidrocarburos no convencionales? Las pancartas y las banderas que se levantaron en las afueras de la Legislatura eran apocalípticas y poco más anunciaban el fin del ecosistema en la provincia de Neuquén. A tal punto llegó la desesperación que en medio de los incidentes, una mujer tomó del brazo al fiscal Rómulo Patti, quien había concurrido al lugar para mediar y tratar de frenar la violencia, y le pidió casi entre lágrimas que hiciera lo posible para que no se envenene la tierra neuquina.
Muchísimas voces se levantaron en contra el fracking, pero la mayoría sin mayores fundamentos técnicos. La técnica de la fractura hidráulica no es nueva. Se viene aplicando desde la década del 30 en todo el mundo y, en el caso de Neuquén, también se aplica en la extracción del petróleo y gas convencional.
Los especialistas coinciden en que se trata de un método utilizado que no es considerado de riesgo, siempre y cuando se aplique con todos los protocolos de seguridad y sea controlado por las empresas y los gobiernos. Tal vez sea en ese punto al que se debería enfocar los reclamos y no rechazarlo por la técnica extractiva en si misma.
El otro debate que se debería dar en Neuquén es si la provincia tiene que vivir o no de los recursos hidrocarburíferos.
Sin embargo, Neuquén dependió y depende exclusivamente del gas y del petróleo y necesita recuperar reservas y explotar nuevos recursos para equilibrar sus ingresos. No hay otro modo –al menos en el corto plazo- de que la provincia funcione a base de otro tipo de riquezas. Podría hacerlo una vez que se reconvierta la matriz productiva, buscando otras formas de producción y de ingresos, un debate pendiente planteado desde hace tiempo. Pero en lo inmediato es imposible. ¿De qué podría vivir Neuquén si no es del gas y el petróleo?, debería ser el disparador.
La realidad indica que la provincia necesita inversiones urgentes en materia energética y que debe recuperar ingresos en materia de regalías para mantener el enorme gasto público y no hacer peligrar la economía estado-dependiente que tiene la provincia.
La polémica por el fracking y la empresa Chevron dejó en un segundo plano la campaña electoral para las elecciones de octubre.
Los principales actores -por ahora- se llamaron a silencio y comenzaron a delinear de manera discreta las nuevas estrategias para seducir al electorado en las próximas legislativas.
En el caso del MPN, principal protagonista en las PASO, es una incógnita por ahora la posibilidad de una unidad real para que todo el partido se encolumne detrás de Guillermo Pereyra. Ayer comenzaron las primeras reuniones y probablemente se repetirán a lo largo de los próximos días.
El resto de las fuerzas intentará seguramente sacar provecho de la fisura que se generó en el partido provincial a partir de la interna para sumar más votos a la pobre cosecha que dejaron los comicios del 11 de agosto.