BUDAPEST, Hungría
Las medidas de la belleza son un tópico propio de nuestra posmodernidad, una era que está inevitablemente asociada a la superficialidad de las cosas. Así, las personas en todo el mundo se ven sometidas al imperio de la moda en todos sus aspectos y condicionantes. Íconos de la belleza como Brad Pitt o Angelina Jolie son situados como modelos a seguir e imitar, pero a poco de andar las aspiraciones del común de la gente quedan truncas en el camino. Sin embargo, una buena noticia, que representa un bálsamo para las almas tristes y vio la luz esta semana en la revista The Journal of Sexual Medicine: se trata de una amenaza que podría echar por tierra con el mito de que el mundo es de los bellos.
Investigadores de la Universidad de Debrecen, en Hungría, analizaron la relación entre la frecuencia sexual y los parámetros antropométricos y concluyeron que no hay incidencia de tamaño, peso o altura en la cantidad de veces que un hombre tiene relaciones sexuales. Para su estudio, los expertos trabajaron con un grupo de 531 participantes, todos ellos hombres heterosexuales con edades comprendidas entre los 20 y los 54 años. Los voluntarios fueron medidos en cuanto a su altura, su peso, el índice de masa corporal (IMC) y la circunferencia de la cintura. Además, completaron un cuestionario sobre cuántas veces a la semana mantenían relaciones sexuales y también otras cuestiones sobre medicamentos, salud o hábitos de estilo de vida como fumar, beber alcohol o la práctica de algún ejercicio físico. Los resultados arrojaron que, en promedio, los hombres tenían relaciones sexuales dos veces y media por semana. Pero los del rango de entre 25 y 29 años eran los que con más frecuencia las tenían: 3 veces por semana. A su vez, los hombres que tenían las características antropométricas menos llamativas, esto es, medir menos de 1,75 metros, pesar menos de 78 kilogramos y con una circunferencia de cintura normal, fueron los que más frecuentemente mantenían encuentros sexuales. Ante estos resultados, los investigadores concluyeron que, en general, ninguna de las medidas del cuerpo fue asociada a la cantidad de actividad sexual entre los hombres, por lo que el físico no es una variable tan decisiva como se creía.
Datos del estudio
Más panza, menos altura, más coitos
La mediciones arrojaron que la frecuencia del coito semanal media fue de 2,55 a 1,08 promedio en el grupo estudiado. La mayor frecuencia coital semanal se registró para los hombres entre las edades de 25 y 29 (3,02 a 1,27). La mayor frecuencia fue mayor entre los hombres con una altura menor a 175 cm (de 2,69 a 1,24), peso menor de 78 kg (2,74 a 1,18), índice de masa corporal normal (2,74 a 1,16), circunferencia de la cintura normal (2,69 a 1,19) y ninguna enfermedad metabólica (2,57 a 1,11).
Bonitos y gorditos
Vale recordar que no es el primer estudio que habla de las bondades de un cuerpo rellenito (o poco agraciado). Un trabajo anterior hecho por científicos de la Universidad turca de Erciyes reveló que durante el acto sexual quienes exhiben algún rollito tienen mejor desempeño sexual que los flacos fibrosos. Los científicos estudiaron durante un año la experiencia de 200 participantes y llegaron a la conclusión de que los varones con un IMC más alto duraban aproximadamente 7,3 minutos durante el coito, mientras que los delgados apenas 2 minutos. Es decir que si un hombre gordo tiene relaciones 100 veces al año, pasaría alrededor de 8 horas más con su pareja que si tuviese abdominales tipo tabla de lavar la ropa, calcularon los autores del trabajo.
Los científicos consideran que, a mayor grasa abdominal, el varón produce más estradiol, una hormona femenina que ayuda a inhibir el clímax.