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El gran sueño de sus vidas

Luis Sartori

Dijo el León de San Pablo (o sea Javier Mascherano): “Yo no soy Rambo ni San Martín. No me adjudico nada de lo que se dice. Lo tomo con humor, pero me avergüenza”. Y agregó: “Los elogios no me gustan, me hacen sentir mal”. Caudillo indiscutido, jefe natural, líder positivo, a horas del partido más importante de su vida el tipo no se marea, no se la cree, no le da importancia al siempre exagerado agrande nacional que lo puso a la altura de los próceres patrios (no por haber cruzado la cordillera para liberar dos países, sino por impedir el gol fatal de Robben). Raro escuchar por estas tierras a alguien que rechaza -y no busca- las loas. Es una extraña sensación que un argentino se ruborice cuando lo ensalzan. Raro y extraño, pero vivificante. Sencillo: pura sensatez entre tanta soberbia sin sentido ni destino.
Dijo el nuevo Messias argentino (o sea Lionel Messi): “Jugaremos el partido más importante de nuestras vidas con esta camiseta. ¡Queremos ganar y estamos preparados para ello!”. Alguna vez acusado de pecho frío con la celeste y blanca, reconvertido hoy en la gran esperanza nacional, el pibe sabe cuánto se juega hoy y promete su talento y lo que habitualmente exuda Masche sobre el césped.
Quienes ya nos quedamos afónicos en 1978 y 1986, conocemos la embriagante sensación de sentirse campeón mundial. Esta tarde pueden pasar dos cosas: que sumemos la tercera estrella o el tercer subcampeonato. Y no da igual, por supuesto. Pero hasta el final del partido podremos estar seguros de algo que sirve para la vida de todos los días: que los muchachos que entrarán a la cancha del Maracaná -lo demuestran Masche y Lio- darán todo por atrapar el gran sueño.