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El leitmotiv de Pechi y Rioseco

Daniel Capalbo

 

Los intendentes Rioseco y Quiroga, “socios” y competidores a la vez, eligieron el mismo leitmotiv que Jorge Sobisch para desafiar al gobernador y plantarse como molestos provocadores de la hegemonía del MPN. Con poca originalidad, pero con mucho realismo, sus asesores de campaña les han hecho comprender que: 1) hay que pegar bien alto y 2) hay que golpear allí donde la transparencia sea un bien escaso.
Solo por eso, la Ley de Hidrocarburos, que salió con la anuencia de Sapag después de –hay que decirlo– meses de resistencia a las pretensiones de YPF, se convirtió en el más eficiente talón de Aquiles en la carrera a las elecciones de mayo.
Rioseco y Quiroga aspiran a liderar el mismo espacio opositor, se proclaman defensores del suelo neuquino y, como tales, exigen tomar examen a la letra chica de la norma. Si no –anticiparon–, irán a la Justicia. Es decir, si el gobierno provincial no abre lo firmado en Buenos Aires a la Legislatura. “Nos vamos a quedar con los pobres y las petroleras, con las riquezas”, se queja Rioseco y promete: “Si somos gobierno, lo vamos a revisar, porque no vamos a entregar nuestra matriz energética a cambio del 9 por ciento de regalías por 35 años”. El discurso del intendente Quiroga surfea los mismos argumentos. Pero suele ocurrir que una cosa es desafiar desde los arrabales del Estado y otra, ser parte de él.
Un histórico diputado radical, llamado Raúl Baglini, lo patentó como teorema en tiempos de Alfonsín y bien aplica al caso. Decía Baglini que el grado de responsabilidad de las propuestas de un dirigente es inversamente proporcional a su distancia del poder. Convendría recordar entonces que la provincia recaudó el año pasado unos 2.700 millones de pesos en regalías, y que nadie se quejó.