La vida privada, para algunos, desde hace rato se convirtió en una vida privada de secretos. Mientras millones podemos ocultar bajo la alfombra nuestras miserias, a un puñado de personas a los que llamamos "famosos" les cuesta cada vez más mantenerlas ocultas. Culpa de los celulares, las redes sociales, los programas de chimentos, pero, sobre todo, del interés que despierta desde tiempos prehistóricos el secreto prohibido; del placer no siempre admitido que genera saber de las victorias y de las derrotas de los corazones ajenos, como si las propias no fueran suficientes para entretenernos. Los rumores nacen y se multiplican en casa, en el barrio, en la escuela, en el trabajo, y, siendo la tele, las webs y las redes una buena muestra de la sociedad que está detrás de las pantallas, que hayan sumado cada vez más horas y comentarios las noticias sobre la farándula no sorprende.