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El machismo que nos mata

Todos los crímenes de enero en Neuquén muestran lo necesario que es poner fin a la era del macho.

La construcción machista estuvo presente en los crímenes que hubo en este mes en Neuquén, algunos con trasfondo de violencia familiar y de género.

Repasemos. Un pibe mata a un policía para demostrar, entre otro montón de cosas, que es macho y que se la banca. Todo esto en el marco de la construcción que tienen los pibes en las bandas que contienen más que el Estado.

Dos hombres borrachos discutieron por el crimen de Villa Gesell. Acá, no solo estaba en juego el punto de vista sino la propiedad, es decir, la camioneta de uno que el otro amenazó con quemar. En ese escenario se produjo el crimen, de un tiro en el pecho. A lo macho.

Sumidos en una persistente violencia familiar, dos hijos asesinan y decapitan al padre en plena calle. Estaban cansados de sus vicios y de los golpes que le propinaba a la madre. De nuevo entra en juego el mandato del macho, de proteger al extremo, incluso con resoluciones salvajes.

Finalmente, el femicida del norte neuquino que se apropia del cuerpo de su pareja y si no es de él, no es de nadie. Acá el machismo, en otra de sus formas arcaicas, no contempla, no permite la otredad, es decir, la singularidad del otro.

Estamos todavía viviendo tiempos de machos que deben terminar. Porque también esa construcción nos hace mal a los hombres, que desde muy chicos debemos demostrar que somos valientes, que nos la bancamos y que no lloramos.

Es necesaria la deconstrucción, que implica prácticamente volver a nacer, un imposible. Pero sí podemos repensar la masculinidad y las relaciones con el otro, respetando su libertad y sus elecciones. Sin dudas, urge poner fin a la era del macho.