Una y mil veces, los futboleros renegamos del más popular de los deportes. Que está todo arreglado para los grandes, que la AFA es una mafia, que hay trampas y turbios negociados para que los futbolistas lleguen a Primera... Una y mil veces nos juramos no mirar más partidos después de que Argentina pierda su tercera final consecutiva, luego de que el Rojo vuelva a sucumbir ante Cipolletti o de que el Albinegro otra vez defraude a su nutrida parcialidad y se quede en una categoría impropia de su grandeza. Pero una y mil veces terminamos por contradecir aquello que prometemos en caliente. Una y mil veces volvemos a mirar fútbol y, nobleza obliga, no todo es sufrimiento o indignación. El balompié suele reconfortarnos, hacernos mimos o tirarnos un centro como el de ayer para los neuquinos genuinos y los residentes en la región.
Marcos, el primer jugador de la región en llegar a la selección. La mejor noticia para el deporte.
Que un pibe que tiró sus primeros firuletes en los potreros de Lifune y que hace unos años la rompía con la camiseta de Don Bosco llegue a la Selección a base de esfuerzos y sacrificios es la mejor noticia para el fútbol de la zona y para todo el deporte del Alto Valle.
Demuestra que, entre tantas miserias, aún se puede soñar con ser alguien en el mundo de la pelota viniendo desde muy abajo, como el Huevo.
Marcos Acuña es un pibe introvertido de Zapala que de chico se la pasaba jugando a la pelota y haciendo travesuras. “Era vago pero un distinto”, cuenta su primer entrenador (ver pág. 33). “Habla poco pero cuando habla, habla de Zapala”, le cuenta a LM Neuquén el encargado de prensa de la Academia. El hombre del año en la región es neuquino hasta los Huevos.