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El oscuro antecedente de la feroz agresión de un rugbier cipoleño que fue condenado

Golpeó e hirió a un joven adentro de un boliche por ser de otra clase social. La causa llegó a la justicia y el deportista fue condenado.

Por Silvana Salinas / especial

El brutal crimen de Fernando Báez Sosa, a la salida de un boliche, en pleno centro de Villa Gesell, sigue generando conmoción y multiplica los pedidos de justicia en todo el país. El joven estudiante de Derecho fue atacado a golpes de puño y patadas por un grupo de rugbiers que le provocaron la muerte.

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El accionar de los jugadores de este deporte, junto a otros hechos de violencia en los que se han visto involucrados, fue nuevamente puesto en tela de juicio y despertó una ola de críticas, rechazos y opiniones encontradas.

En Cipolletti, en el último tiempo, también llegó a la Justicia un caso de un rugbier que fue condenado por golpear a otro hasta fracturarlo.

El Superior Tribunal de Justicia (STJ) provincial ratificó, meses atrás, la condena a dos años de prisión en suspenso a un joven cipoleño, a quien también se le impusieron pautas de conducta por el término de dos años entre los que detallaron 100 horas de trabajo comunitario, por encontrarlo autor penalmente responsable del delito de lesiones graves años. El fallo fue de la Cámara Primera en lo Criminal de Cipolletti.

L.N.C.C fue condenado por agredir y ocasionar, a golpes, una fractura a otro joven adentro del boliche Única Bar a fines del 2015.

La feroz agresión se dio en el marco de una fiesta de rugbiers. Esa noche se realizaba en el local nocturno un evento organizado por el club de rugby al que pertenecía el imputado.

El joven, según acreditó el Tribunal, “sin mediar palabras y/o discusión alguna, agredió sorpresivamente con golpes de puño en el rostro a L.B. y le propinó patadas cuando la víctima cayó al suelo, lo que le ocasionó fractura de peroné en la pierna derecha. Las lesiones sufridas fueron certificadas como graves”.

Un empleado de seguridad ratificó que “estaba un chiquito tirado bajo las mesas, otro grandote hincado arriba pegándole piñas... Yo lo neutralicé, lo trabé al que estaba pegando, me costó porque era grandote. Mi compañero a su vez sacó a otro que también pegaba creo”.

La defensa apeló la sentencia y planteó diversos recursos de queja, pero fueron rechazados por el STJ.

En su momento el fiscal de cámara, Gustavo Herrera, había considerado en su alegato que se trató de un ataque discriminatorio porque no hubo conflicto previo entre los jóvenes, ni siquiera un intercambio de palabras, y la víctima era un joven del norte del país.

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