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El particular restó que se convirtió en un faro en medio de la lucha contra el cáncer

Luciano Alcade contó cómo El Oscuro Meson transformó su vida en un momento en el que no veía alternativas.

"Tener proyectos te salva la vida". Para Luciano Alcalde esa no es una frase hecha. Sabe de lo que habla. Ha hecho carne el sentido de cada palabra.

Hoy cuenta su historia apelando a la síntesis, con naturalizad y sin drama. Quien lo escucha no puede creer que, detrás de este inquieto y vital estilista, existe una persona que -durante años- estuvo con el ánimo a la deriva, haciéndole frente a las sombras y a una enfermedad que se empecinó a librarle mil batallas.

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Hoy no solo está al frente de su peluquería -Las Hormigas- sino que -junto a sus padres- disfruta de agasajar cada fin de semana a sus clientes de El Oscuro Meson, su restaurante a puertas cerradas que ofrece una propuesta intimista y exclusiva en Centenario. Una apuesta que -años atrás- le permitió salir del padecimiento. Un faro que lo llenó de energía; que le permitió correr la mirada y crear otro universo, más allá de los tratamientos. Una pieza fundamental para su break point contra el cáncer.

"Pasé por todo lo que se te ocurra. La pasé tremenda", dijo Lucho, luego de contar que fue diagnosticado tres veces con la misma enfermedad. El primer cimbronazo fue en el 2010, cuando tenía 36 años. El combate no bastó y al año siguiente se enteró que la lucha sería más larga. Como si no hubiera tenido ya suficiente, en 2013 el cáncer atacó uno de sus pulmones

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"La primera vez que me agarró, mi terapeuta me preguntó cuál era mi sueño y el contesté que mi sueño era sanarme. Ahí me dijo: 'No, no. Vos tenés que pensar que estás sano. Tenés que pensar en otra cosa porque, si no corres el foco vas a seguir enfermo. Me costó entenderlo, pero fue así", señaló.

"A los once meses me agarró otra vez y concentré mi sueño en poder seguir siendo peluquero, que es lo que tanto amo: tener a mi gente, cubrir mis necesidades económicas con la peluquería, que me estaba yendo bien. Era un sueño que casi no lo había imaginado: tener mi propia peluquería, con gente que trabaja conmigo, que crea", dijo sobre el espacio que cultiva desde hace 14 años y que actualmente funciona en Brown 366.

En el 2013 el déjà vu de un nuevo diagnóstico lo sumergió en la depresión. "No quería saber más nada con el tema de seguir viviendo. Estuve un montón de días en la oscuridad", dijo al recordar el abismo que más tarde se convirtió en fuente de inspiración para nombrar el restó que hoy brilla en Santos Della Gaspera y Marta Verón de Mora.

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"Un día -creo que fue un milagro- una lucecita entró en mi cuarto y me iluminó como diciendo: 'Acá estoy'. Yo lo vi como eso. Y después nunca más me enfermé", deslizó antes de contar que en ese instante volvió a seguir el consejo de su terapeuta y a buscar un anhelo para salir adelante.

"Un día, cuando estaba por irme del consultorio, le dije: 'Creo que tengo el sueño de tener un restaurante. Ella me dijo: 'Qué lindo, '¿querés que lo hablemos la semana que viene? Y a la semana siguiente me dijo que empiece a construirlo porque los sueños, si no los alimentás, van a ser sueños toda la vida. Y así me motivó. Todas las semanas me preguntaba cómo iba avanzando y yo sentía que tenía que hacer algo. Así comencé a mirar los planos, a mirar cosas y terminé construyendo arriba de una casa que en la que vivía, con una estructura nueva de metal y madera. Mi vieja se asustaba. Con todo lo que yo había pasado, no quería que me enfocara en otra cosa que no sea en recuperarme y buscar mi tranquilidad", manifestó.

"Fue una apuesta importante", expresó, con orgullo, al destacar que su impronta y labor en cada uno de los detalles del proyecto y al remarcar cómo su experiencia como mozo en distintos locales gastronómicos porteños le sirvió para idear su propuesta que, tras un ingreso lúdico con contraseña, brinda un menú por pasos en un ambiente exquisitamente diseñado, ideal para una cita.

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"Yo tuve la suerte de pasar muchas necesidades durante mi aprendizaje de peluquero en Buenos Aires. Trabajé de mozo en un montón de lados en Palermo Soho. Me llevaba muy bien con la gente de la cocina y me daban la comida para que no tuviera que gastar en alimentación. De esa manera, empecé a notar que había otra forma de hacer un restaurante, con un menú acotado", señaló.

Tras una prueba en 2017, en 2018 El Oscuro Meson abrió sus puertas y de ahí no paró de conquistar comensales con un menú de cuatro platos que incluye una recepción, dos opciones de entrada, tres de postre y principal a base de salmón, ojo de bife y una opción vegana.

"Buscamos una comida simple, con verduras de estación y proteínas", postuló Lucho en alusión al menú que cambia cada fin de semana. Por caso, para este viernes y sábado la carta ofrece Cremoso ahumado con panes al horno de barro, Escabeche de lengua y ailoli de ajos asados o Ensalada crocante de pomelos, rúcula, almendras tostadas y remolachas; Salmón al horno de barro con salsa de alcaparras y tomates seco, cremoso de arvejas y albahaca u Ojo de bife gremolata, papas al rescoldo y cebollas caramelizadas con panceta o Sorrentinos con salsa de hongos. De postre las opciones son: Tiramusú, flan de la casa y brownie.

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Más allá de los reparos iniciales, tanto la mamá de Lucho como su padre se terminaron sumando a la propuesta. Ella haciendo gala de sus recetas y atendiendo; y él, a cargo de los fuegos. "Nosotros somos una familia mendocina en la que siempre se cocinó muy bien. Yo desde chiquito comí gourmet. Así que sabía que si ella estaba en la cocina, la gente iba a comer muy bien. Al principio ella no quería saber nada, pero después le gustó. Hoy en día le encanta el salón, mucho más que la cocina. Y mi viejo es renegado como él solo, pero muy bueno en lo que hace. Entiende y atiende el horno como nadie", lanzó entre risas.

"El restaurante tiene cuatro patas: la atención, la comida, el lugar y las redes sociales. Si vos le creas la expectativa a la gente con una buena foto y luego no se la cubriste, fuiste. Todo tiene que ver con todo", subrayó.

En cuanto al ingreso con contraseña, contó que tomó la idea de un espacio al que fue invitado tiempo atrás en Buenos Aires. "Me resulta divertido. Te pedimos una contraseña que tiene que ver con tu primer mascota. Si no la tenés, no estrás. Y de pronto pasas por la casa de mi mamá hasta entrar al restaurante. Es algo raro, lindo, que te sorprende", postuló.

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A la hora de reflexionar sobre cómo pudo ponerse ponerse al frente y dirigir el ambicioso proyecto con su escasa, el dueño de El Oscuro indicó: "Como mozo, al salir y entrar a la cocina, uno entiende y aprende lo que hay que hacer y lo que no. Yo ya tenía una experiencia y sabía que era lo que no quería y después me dejaba sorprender por el mismo restaurante. Igualmente creo que fui mucho más feliz, sin darme cuenta, haciendo el restaurante y viviendo de un sueño, que ya teniéndolo en marcha".

Fue precisamente ese motor, lo que lo hizo saltar a otro proyecto: la construcción. "Cuando terminé el restaurante empecé a extrañar a los chicos que me ayudaron y, de hecho, al día de hoy tenemos una empresa constructora chiquita que nació a partir de eso que me pasó a mi", celebró en referencia a Casa e Industrias Desarrollos, la firma que fue perfilando en las sucesivos arreglos y mejoras que realizó en su restó.

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"El restaurante y la peluquería son como mis hijos. Los hijos de carne y hueso siempre van a disparar para el lado que ellos quieran, y eso está perfecto. En este caso, si no me tienen a mi dirigiendo la batuta, es como que se van deprimiendo. Así que yo siempre tengo que estar. Lo lindo de tener un proyecto es que los proyectos te sanan. Hay que animarse. Obviamente vas a correr riesgos, pero si no corres riesgos no hay vida. De lo contrario te sentás en un sillón a mirar cómo pasa la vida. Sin ir más lejos, mi viejo tiene casi 80 años y 70 años mi vieja y están súper joviales por este proyecto que lo comparten conmigo", concluyó.

El Oscuro Meson abre solamente los fines de semana. Viernes y sábado por la noche. Desde abril a octubre la propuesta suma los días domingo.

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