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¿El pasado fue mejor?

La pandemia, el cambio climático y la amenaza de una guerra nuclear pusieron al mundo en vilo.

Hasta hace pocos años, los indicadores que miden la salud, el bienestar y las condiciones de vida de toda la humanidad daban por tierra aquella conocida frase que afirmaba que “todo tiempo pasado fue mejor”.

En su libro “Los ángeles que llevamos adentro” (2011), el escritor canadiense, Steven Pinker, sostenía que los niveles de violencia a nivel global habían descendido sin pausa a lo largo de los siglos y que, en la actualidad, estábamos viviendo “la era más pacífica de nuestra existencia como especie”. También citaba estadísticas resaltando la disminución de la mortalidad infantil, la esperanza de vida, los avances de la ciencia, el acceso al agua potable y la erradicación de la pobreza. En efecto, todos esos indicadores son ciertos y comprobables. A principios del siglo pasado se estimaba que el 68,7% de la población mundial vivía en la pobreza extrema y hoy ronda el 20%. También la gente es más longeva si se compara la expectativa de vida en el mundo (38 años a principios del siglo XX y 70, en la actualidad), gracias a nuevas medicinas, vacunas y avances en el tratamiento de las enfermedades. Había ejemplos de sobra para pensar que el horizonte de confort ideal no estaba tan lejano. Sin embargo, los últimos dos años rompieron con todas estas estadísticas. La pandemia del COVID que azotó al mundo y la aceleración del calentamiento global desnudó nuestra fragilidad como especie y reflotó los errores que se siguen cometiendo y que ponen en riesgo nuestra propia existencia.

La invasión rusa a Ucrania y la amenaza de una guerra nuclear fue la frutilla del postre de una serie de acontecimientos que hoy nos obligan a replantear aquel viejo dicho: Todo tiempo pasado, ¿fue mejor? ¿Usted qué cree?