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El puente, un karma diario

Por Ángel Casagrande

Impotencia y hartazgo. Son dos sensaciones que afloran a los miles y miles de automovilistas que todas las mañanas se aprestan a cruzar desde Cipolletti, muchos que tienen su domicilio legal en Neuquén y que le dan forma a la leyenda de que la vecina localidad “es el dormitorio” de esta capital.   
Impotencia, cuando se suben a la Ruta 22 o a la 151 y se dan cuenta de que no pueden avanzar, ni siquiera a paso de hombre. Hartazgo, porque la situación se repite a diario.  
Cuando Caminos del Valle se quedó en 1995 con la concesión del peaje en los puentes, uno de los compromisos que incluía el acuerdo era la construcción del tercer puente sobre el río Neuquén.  
La compañía no respetó los plazos, y diez años después consiguió una beneficiosa renegociación que la liberó de cargo y culpa por el no cumplimiento de esta y otras obligaciones. Allí el proyecto pasó a manos del Estado nacional.
Pareciera que las demoras solo molestan a los usuarios porque la indiferencia que muestra la clase política local es alarmante. Por más que sea la Nación la responsable, las posturas que han tomado los gobiernos provinciales y los dos municipios han sido muy tibias. Sí festejaron y se arrogaron, para la tribuna, la finalización del cobro del peaje, hace un año. Y cuando muchos creían que esto traería alivio, el problema se acentuó. Hoy, aquellos que no logran subirse a la ruta antes de las 7.10 ya saben que tardarán unos 30 minutos para hacer dos kilómetros. Durante dos horas, el escenario es similar.
¿La Caminera debe buscar un mecanismo más ágil de circulación y no entorpecerla como creen muchos? ¿La nueva concesionaria del corredor debería abrir algún carril más? En el mejor de los casos, el éxito de estas iniciativas se transformaría en un parche y muy lejos estaría la verdadera solución.