Jorge Sapag dijo que en 2016 se ve “dando una mano”. Omar Gutiérrez no lo dijo, pero -aunque soñaba con un triunfo más amplio- ya se imagina gobernando la provincia. Y Jorge Sobisch, que a la mañana se preparaba para “conducir el MPN” y a la noche tuvo que salir a reconocer la derrota, prometió seguir trabajando en el partido “hasta el día que me muera”. Los tres grandes protagonistas de la interna oficialista terminaron el día con sensaciones tan distintas como el futuro que les espera.
A Sapag, artífice de la candidatura de Gutiérrez, le queda por delante un solo escollo electoral para cumplir su objetivo de cederle la gobernación a otro hombre del MPN y no cortar una tradición provincial que viene desde 1983. En paralelo, tendrá el desafío diario de defender los intereses de una provincia que está en los ojos de todos. Desde hoy hasta mayo -fecha prevista para la elección a gobernador- Sapag deberá seguir desdoblándose entre la gestión y la campaña de un candidato que todavía no brilla con luz propia.
Gutiérrez, que en poco más de dos meses derrotó a dos pesos pesados de la provincia, solo se ganó ahora el derecho a seguir participando. Todavía no es gobernador, aunque -a partir de los antecedentes- muchos crean que el triunfo de ayer ya lo convierte en titular del Ejecutivo provincial. Tendrá que seguir acumulando experiencia, pero ya demostró que es buen alumno.
Y Sobisch salió ayer mismo a tratar de marcarle la cancha a su vencedor. El mensaje, claro más allá del circunstancial “el que gana conduce y el que pierde acompaña”, buscó quitarle importancia al triunfo de los azules y avisarles que si quieren conservar el poder deberán sentarse a negociar con los perdedores. Pasó la elección, pero para mantenerse vivos, algunos necesitan que la interna siga abierta para siempre.