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El río es un inodoro

Camilo Ciruzzi
La culpa siempre es de otro. Los municipios, las provincias o la Nación. Se sabe. Estamentos diversos que tienen sus organismos, secretarías, dependencias o direcciones, todos tienen algo que aportar a la hora de encontrar responsables.
Es muy fácil decir desde la comodidad de una pileta hogareña que se está trabajando para poner en funcionamiento una planta de tratamiento de líquidos cloacales. También es fácil decir que el agua está apta para el uso recreativo mientras se pone cloro para evitar las algas en la pileta propia.
Miles de neuquinos y rionegrinos, ante temperaturas infernales, se vuelcan a los ríos Neuquén y Limay; en Río Negro los acalorados acuden al Neuquén o al Río Negro. Todos, indefectiblemente, se remojan entre algas eutróficas, silentes testigos del derrape humano; evidencia procaz de la contaminación. También flotan botellas, pañales, paquetes de galletitas y demás productos plásticos.
Decía el filósofo griego Heráclito que uno nunca se baña en el mismo río, una metáfora del devenir. Pero para quienes enfrían sus calores en estos ríos de la región, no hay metáfora que alcance. Pretender que el río fluya limpio parece una utopía. Todos, indefectiblemente, vierten desechos industriales y cloacales sin tratar. A nadie le importa y, al ser consultados, esos mismos todos le echan la culpa a otro. Los tres ríos de la región están inmundos por la contaminación. Luego de un chapuzón, la ducha es obligada por el olor que queda sobre la piel y la ropa. “Los niveles de escherichia coli (bacterias de la caca, dicho en buen criollo) son aptos para balneario pero no para tomas de agua”, dijo Elías Sapag, integrante de la AIC. Así estamos: todavía se pueden usar los balnearios, dentro de poco no sabemos.