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El robo del trapo, un aviso

El indignante accionar de la barra de Cipo, que amargó la gran fiesta de Pillma, enciende alarmas de cara al futuro.

Un gigante lleno de historia ante un club relativamente joven y de barrio. El típico partido, en este caso, una final de Liga (Confluencia) en el que los neutrales se ponen del lado del más débil. Y la barra de Cipo, lejos de contribuir a revertir eso, no hizo más que sumarle “adeptos” a Pillmatun de cara a la revancha. Es que las escenas del hincha del Capataz de la Patagonia huyendo con la bandera robada a la parcialidad local, a la familia de Pillma, que había asistido con reposeras y mates a su gran fiesta, causan enorme rechazo e indignación.

El daño provocado por la barbarie no solo fue de un valor sentimental, sino también material, ya que, en su repudiable accionar, los violentos se llevaron dos balones flamantes que con mucho esfuerzo la entidad anfitriona estrenó para la ocasión, en una instancia en la que no está habituada a jugar y constituye todo un acontecimiento que se vive con mucho entusiasmo y alegría, como debe ser. Lástima que otros se encargan impunemente de quitarles la sonrisa y de amargarles un momento único.

Pues bien, en ese contexto, las autoridades de Cipo deberán tomar nota una vez más de cara al inicio del torneo Federal A, previsto para fines de este mes, a fin de evitar nuevos dolores de cabeza.

Desde la dirigencia, aseguran estar trabajando en conjunto con la policía y que en parte la solución depende de las fuerzas de seguridad... Pero no deja de ser un tema inquietante para aquellos fanáticos genuinos que concurren asiduamente a alentar a su querido albinegro al gran templo del fútbol regional con sus seres queridos. Y no es cuestión de exponerlos por la locura ajena, de los violentos del tablón.