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El robo de JLo y de Nishimura

Luciano Carrera

 

¿Quién hubiese imaginado que con los millones gastados y el tiempo invertido la ceremonia inaugural iba a ser la farsa más grande vista en directo por millones de personas desde el final de Lost? ¿Quién hubiese anticipado que con las estrellas que ponía Brasil en cancha y el puñadito que aportaba Croacia la figura iba a ser el ahora célebre Yuichi Nishimura? Menos escultural que JLo (Jennifer Lopez), quien viajó miles de kilómetros a último momento para hacer un playback poco serio, el árbitro japonés se robó el arranque de la Copa del Mundo, eclipsando incluso a Neymar, tras una apertura demasiado tibia (si se filtra el dinero que gastaron para hacerla, me temo que el movimiento anti-Copa crecerá exponencialmente). Se sabe, la fiesta esperada es la del fútbol, y las ceremonias no se recuerdan ni siquiera unos minutos después cuando empieza a rodar la pelota. Salvo la inigualable canción de Italia ‘90, todo lo periférico ha quedado en el olvido. Y el recuerdo de esta apertura duró lo que se aguantó el japonés en redimirse con los cariocas. Se sabe, al local se le suele dar una mano, pero casi siempre tardan un poco más en hacerlo evidente. El nipón había dirigido el último partido mundialista de Brasil (derrota ante Holanda en cuartos en 2010, con expulsión de Felipe Melo y un par de penales reclamados) y ayer se amigó con los cariocas velozmente, perdonando a Neymar por un codazo de anaranjada, regalándole la jugada clave y anulando un gol croata apenas discutible. ¿Quién había hecho el tanto brasileño en aquella caída en Sudáfrica que recordó tantas veces en los últimos días Nishimura? Robinho. Todo un símbolo de lo que fue la decisión de darle un penal que le abrió a Brasil el triunfo de un partido que demostró cuántas sorpresas puede deparar un Mundial. Y que demostrará en este mes tan especial cuánto le puede costar al local haber gastado la bala de plata en el estreno.