Por RAMIRO MORALES
El GPS del gobierno provincial debe estar por estas horas “recalculando” el camino. La histórica expropiación del 51% de las acciones de YPF, la principal operadora en Neuquén, cambia el escenario energético nacional y de la región. Aún en medio de la cautela, todos los actores del sector petrolero neuquino tienen expectativas de que el cambio de timón en la firma tendrá un efecto positivo sobre la economía regional. De hecho, en el corto tiempo que lleva a cargo de la empresa, la intervención ya ordenó aumentar la producción tanto de gas como de petróleo, lo que impacta de forma positivamente porque genera más trabajo y más ingresos vía regalías e impuestos.
Rol clave
De todas formas, los efectos económicos aún están por verse. Lo que sí queda claro es que Neuquén tendrá un rol clave en la nueva YPF. En principio, porque es la principal provincia productora del país, y eso seguramente le conferirá un asiento en el directorio de la firma a través de la participación accionaria de los subestados, tal como garantiza la ley que trata el Congreso. También será clave el know how acumulado durante años en el manejo del tema. De hecho, muchos de los inversores que hoy están interesados en la provincia fueron tentados por el gobierno provincial en sus giras al exterior. El propio Sapag viajará en el corto plazo a Brasil para acordar la letra fina del millonario desembolso que hará Petrobras en este territorio.
La participación de las provincias productoras en YPF no es menor. Si bien Nación buscará tener la batuta, la presencia de regional la obligará a atender los reclamos de los gobernadores. Esa apertura también es garante, de alguna forma, de cierta transparencia: mientras más actores se sumen a las tomas de decisiones, más difícil será incurrir en prácticas no deseadas.
De hecho, el Estado –tanto el nacional como el provincial- se juega aquí una patriada: la de salir a mostrar que se puede gestionar de forma eficiente, para derrocar aquel precepto tan instalado en los '90 de que YPF era un elefante en una cristalería. Fue esa versión del desmanejo la que permitió rematar la empresa nacional.
Con ese norte, ya circulan nombres para presidir la compañía. Uno de ellos es el de Oscar Vicente, ex conductor de Perez Companc y uno de los cuadros técnicos más formados del país. También trascendió que muchos de los técnicos de la gestión de José Estenssoro –con la cual despegó la producción de la firma al tiempo que se preparó el terreno para la privatización-, están siendo tentados.
Tranquilidad
A nivel local, Sapag buscó darle tranquilidad a los trabajadores. El propio titular del Sindicato de Petroleros, Guillermo Pereyra, cambió su tonó crítico hacia la expropiación y alineó la tropa para apoyar a la nueva YPF.
La intranquilidad reina en algunas proveedoras de servicios, que temen perder los contratos. Contratos que, huelga decirlo, eran en su mayoría de renovación mensual y con condiciones leoninas. El propio viceministro de Economía y viceinterventor, Axel Kicillof, dijo claramente que se trabajará para mejorar esas condiciones.
Las arcas provinciales también se verán favorecidas por la mayor producción y el mayor ingreso de regalías. También por el ingreso de utilidades, aunque es de esperar que en los primeros años de la nueva YPF el dinero se utilice en inversiones y para el pago eventual de las acciones expropiadas a Repsol.
Inversiones
Mientras tanto, ya comienzan los pronósticos agoreros del impacto negativo que tendrá una medida de este tipo en el mercado internacional. Se habla, repitiendo construcciones discursivas de manuales ortodoxos, de “mal clima de negocios” y de “inseguridad jurídica”. Pero las críticas se quedarán sólo en las palabras: tanto los socios comerciales cercanos como Brasil, así como Estados Unidos y China, no pueden salir públicamente a aplaudir una expropiación, aunque en el fondo saben que esta es una oportunidad de negocios. De otra forma, ¿cómo se explican los anuncios de mayor inversión de Total y Petrobras? ¿Cómo se explica que las principales firmas mundiales de hidrocarburos ya estén interesadas en asociarse con la nueva YPF para explotar, por ejemplo, la formación Vaca Muerta?
Algunos comparan, erróneamente, el fervor popular de esta decisión con la Guerra de Malvinas. Olvidan, o eligen olvidar, que el conflicto bélico fue iniciado por un gobierno dictatorial. La decisión de recuperar YPF, en cambio, se toma en democracia, y será el Congreso, el órgano más representativo del país, el que decida su futuro. La mayor señal del consenso que genera la expropiación es el apoyo casi unánime de la medida, incluida la oposición.
Arranca ahora una nueva película, no exenta de tensiones tanto externas como internas. La diferencia es que el país ya no asistirá desde la comodidad de una butaca, sino que será un protagonista estelar en la cartelera.