Ahora, cada vez que los vecinos quieren deshacerse de un anfiteatro tienen que seguir un riguroso trámite para juntar firmas, y si no hay varios centenares de adhesiones, dicen en el Municipio, el pedido no será respondido. En el oeste, el argumento de sus habitantes es que, tanto en San Lorenzo como en Cuenca XV, los anfiteatros, lejos de ser usados para recreación o espectáculos, se convirtieron en “aguantaderos” o “porródromos”, una curiosa acepción para aludir a los sitios donde, al parecer, corre la droga. Es evidente que quienes planificaron la construcción de este tipo de instalaciones no tuvieron en cuenta la factibilidad real de los anfiteatros.