ver más

El síndrome del anfiteatro

Alfredo Enrique.
Los anfiteatros, unos espacios creados en la antigüedad como escenarios para espectáculos, actividades docentes y también para las luchas entre gladiadores, no parecen haber tenido éxito en Neuquén.
Dos de estos espacios (San Lorenzo primero y Cuenca XV ahora), por el contrario, han tenido destino de escombros y otro, el del Parque Central, fue desenterrado por un grupo de artistas y vecinos autoconvocados luego de que el intendente Horacio Quiroga mandó varios camiones con tierra para taparlo. Es como si los anfiteatros se convirtieran en un sino para el actual intendente. Tres anfiteatros problemáticos en otras tantas gestiones. Algo así como un virtual “síndrome del anfiteatro”. La batalla perdida para borrar del mapa de Neuquén al del Parque Central, luego bautizado Gato Negro, fue un costo político alto para Quiroga, quien se ilusionaba  con una plazoleta y hasta una fuente elegante en un lugar que los artistas finalmente no quisieron resignar. No logró imponer su justificación de que el espacio se había convertido en un sitio sucio e inseguro.
Ahora, cada vez que los vecinos quieren deshacerse de un anfiteatro tienen que seguir un riguroso trámite para juntar firmas, y si no hay varios centenares de adhesiones, dicen en el Municipio, el pedido no será respondido. En el oeste, el argumento de sus habitantes es que, tanto en San Lorenzo como en Cuenca XV, los anfiteatros, lejos de ser usados para recreación o espectáculos, se convirtieron en “aguantaderos” o “porródromos”, una curiosa acepción para aludir a los sitios donde, al parecer, corre la droga. Es evidente que quienes planificaron la construcción de este tipo de instalaciones no tuvieron en cuenta la factibilidad real de los anfiteatros.