Hasta ahora, se pensaba que el nacimiento de esas nebulosas planetarias era un proceso tranquilo; nada que ver, desde luego, con el violento espectáculo de las supernovas. Pero según esta nueva investigación, publicada en The Astrophysical Journal, el acto final de las estrellas de pequeño y mediano tamaño también podría ser movidito.
El equipo de Gómez ha estudiado el astro IRAS 15103-5754, que forma parte de un grupo de 16 objetos conocidos como “fuentes de agua”, estrellas en transición entre gigantes rojas y nebulosas planetarias que emiten una radiación muy intensa producida por moléculas de vapor de agua, el llamado máser de agua. Es un indicio del material que expulsan esos crepúsculos de sistemas estelares.
La teoría predominante sostenía que las moléculas de vapor se destruían poco después de formarse la nebulosa planetaria. Pero los investigadores han detectado que el máser de agua del IRAS 15103-5754 alcanza una velocidad de cientos de kilómetros por segundo. “Nuestros resultados indican que, en realidad, cuando una estrella se convierte en nebulosa planetaria se produce una enorme explosión, breve pero muy energética, que determinará la evolución de la estrella en sus últimas fases de vida”, concluye José Francisco Gómez.