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La marcha de Vaca Muerta está “stand by” definió el gobernador Omar Gutiérrez, en contraste con el planteo que le hizo el periodista rosarino Luis Novaresio de la radio porteña La Red sobre la “paralización” de la industria no convencional de hidocarburos en la provincia. El mandatario tiene la premisa de defender los signos vitales de los negocios petroleros cueste lo que cueste, hasta en la peor hora. El futuro inmediato de la provincia y su gente no tiene divorcio posible de la industria petrolera. Los ingresos públicos, la fuerza laboral y los sectores alimentados por el derrame de petróleo y el gas no aguantarían la paralización de Vaca Muerta en los términos que algunos presagian.
Gutiérrez se aferra a la idea de que se está ante una tormenta de dimensiones mayúsculas, pero que, como toda tormenta, más temprano que tarde pasará. Y entonces, “es necesario e imperioso reactivar el mercado interno”, imploró el gobernador en la entrevista de referencia.
“En la medida en que se active la demanda de los combustibles, del petróleo y del gas internamente en el país se va a poder recuperar el nivel de producción rápidamente”, se entusiasmó en pleno relato el gobernador.
La opinión de Gutiérrez para la audiencia porteña contó con un dato halagüeño: el viernes se anunció un acuerdo de la Organización de Estados Productores de Petróleos y sus aliados (OPEP+), que también involucró a Estados Unidos y México, por el cual se recortará entre un 10 y un 15 por ciento a la producción mundial de petróleo con el fin de tonificar el precio. Con la contracción de la economía mundial como consecuencia del coronavirus, la cotización del oro negro se desplomó. Vaca Muerta necesita que se revierta esa tendencia. Puede pasar.