Las facturas de gas y luz exhiben un incremento fuera de toda lógica y razonabilidad. Subas que han trepado del 300 al 1500 por ciento en las boletas de los usuarios que por estos días mezclan bronca e impotencia de igual manera que cuando escuchan las desafortunadas expresiones de un ministro del Interior, Rogelio Frigerio, que apuntó que en estas tierras patagónicas con temperaturas de 10 grados bajo cero andábamos en remera dentro de la casa o abriendo las ventanas de tanta calefacción porque prácticamente el servicio era gratis.
"Lo que más deseo es que estos chicos puedan seguir corriendo detrás de una pelota antes de estar deambulando por las calles haciendo cualquiera o dejando pasar el tiempo en una esquina", se sinceró un más que preocupado directivo de un club de esta ciudad con la boleta de luz en la mano sin saber cómo la van a abonar.
Estando a tiempo de revertir esta difícil realidad que atraviesan amplios sectores, quizá sería más lógico y saludable analizar los efectos negativos que a nivel social podrían tener estas decisiones económicas.