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El vandalismo contra el arte

Una semana después de inaugurarse, una parte del mural frente al balneario Río Grande fue atacado.

Un grupo de artistas tomó la pared con libertad, se dejó llevar por la improvisación, el talento y una estética original, y empezó a desplegar formas, colores e imágenes. Le hicieron un regalo a esta ciudad, de cara al río, aunque sea para olvidarnos por un rato que estamos a pasos de un río contaminado.

Pero esta ofrenda artística duró poco. Digamos que casi nada, apenas una semana. Y todo por culpa de un idiota que no tuvo otra cosa que hacer de su pobre y vacía existencia que dibujar con aerosol algo parecido a una torre de petróleo sobre uno de los murales inaugurados recientemente sobre la calle Democracia, frente al balneario Río Grande, que cubren una superficie de 50 metros cuadrados. “El vandalismo llegó ahora a la calle de los murales”, advirtió el intendente de la ciudad, Horacio Quiroga, para dar cuenta del repudiable hecho.

Una semana después de inaugurarse, una parte del mural frente al balneario Río Grande fue atacado.

Vivimos en una ciudad donde en sus paredes abunda el enchastre con esas inscripciones y graffitis que no expresan mensaje alguno hasta las leyendas y eslóganes de partidos políticos, que en su mayoría no dicen nada. Pero como señala Claudia Kozak, investigadora de intervenciones urbanas, el arte urbano embellece el paisaje de la ciudad y con otros tipos de graffitis aparece más frecuentemente la idea de que ensucia.

Parece ser que en esta ciudad, el deporte que prevalece es el de atentar contra toda obra artística (meses atrás fue contra el mural de las Madres de Plaza de Mayo y del ex obispo Jaime De Nevares en la Catedral), en este caso atacar formas y colores que buscan integrarse a ese paisaje a orillas de un río Limay que tenemos que salvar, como también debemos hacer con el arte.