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Si la herramienta tecnológica que se supone llega para hacer justicia comete reiteradas injusticias, si se la manipula como quiere, si se la utiliza de manera arbitraria y tendenciosa de acuerdo al color y el peso de las camiseta, no suma. Así, resta...
El arribo del VAR a la Copa de la Liga profesional generó gran expectativa, pero trascurridas las primeras fechas con el “chiche nuevo” no son pocos los escándalos en los que se vio involucrado.
El polémico partido del sábado que Vélez y Boca disputaron en Liniers resulta el mejor reflejo del pésimo desembarco que está cumpliendo en nuestro país el “árbitro asistente de Video”.
Un planchazo descalificador del delantero de Boca Luis Vázquez, un penal claro en perjuicio del colombiano Villa y una mano grosera dentro del área del juvenil Varela fueron ignoradas por el juez del partido y por el propio VAR.
¿Cómo puede ser que hasta los televidentes se hayan percatado de las acciones antireglamentarias que los encargados de sancionarlas omitieron y que ni siquiera los responsables del sistema de videos accedieran a revisarlas?
Esta sucesión de desaciertos deja más dudas que certezas de cara a lo que viene. Era sabido que iba a llevar tiempo aceitarlo y adaptarse al nuevo escenario, también que las controversias seguirían más allá de su implementación, como sucede a nivel mundial.
Pero lamentablemente, así, mal empleado, el VAR lejos de ofrecer garantías no hará más que alimentar las suspicacias y las sospechas. Si se lo usa cuándo y cómo quiere, lejos de aportar soluciones, traerá mayores problemas a un fútbol argentino que hace agua en muchos aspectos.