La guerra de buenos modales entre las provincias petroleras e YPF por el control de las áreas puede desbocarse. La semana pasada los tres gobernadores que le quitan el sueño a Miguel Galuccio, CEO de la petrolera estatal, se reunieron en la casa de Chubut para fijar una estrategia común frente a lo que consideran un intento de “felpudear” a los dueños del suelo. Allí estuvieron Francisco “Paco” Pérez (Mendoza), Martín Buzzi (Chubut) y Jorge Sapag (Neuquén). Paco Pérez explicó -palabras más, palabras menos- que venía de licitar 8 áreas petroleras en el sur de Mendoza y que a última hora YPF pidió ofertas más atractivas. Como no las hubo, ni siquiera se presentó. La licitación no quedó desierta, pero sí en manos de empresas chicas. Pérez puso el grito en el cielo: “¡Son presiones de Galuccio para modificar la ley de hidrocarburos!”, bramó. Galuccio está preocupado, porque una cosa era defender la autonomía de las provincias cuando el petróleo era de Repsol y otra cuando el petróleo pasa a ser un vector estratégico de la economía nacional. Es más: en el edificio de YPF de Puerto Madero se indignan hoy porque las provincias quieren quedarse con la mayor tajada de la torta; lo cual, a todas luces, parece muy pero muy sensato. En aquella reunión tripartita, un gobernador -al que le gusta guiñar el ojo para remarcar sus frases- dijo: “La pelea, señores, no es de Mendoza contra Galuccio, es de YPF contra Neuquén. Porque se vencen áreas en manos de YPF y, para su renovación, Neuquén le exigirá que un 10% sea administrado por la empresa de energía Gas y Petróleo. Galuccio no lo quiere así, quiere marcar la cancha con Mendoza, pero el mensaje es para Neuquén. Por eso, hace como el tero: grita en Mendoza, pero la cría está en Vaca Muerta”.