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El virus de un viernes negro

El virus informático que atacó ayer a escala global a grandes compañías y hasta hospitales desnudó la vulnerabilidad de los sistemas más sofisticados, incluso de los que se creían inexpugnables.

En el Reino Unido creen que los autores de este fenomenal caos informático deberían ser tratados como terroristas, pese a que, de momento, las principales víctimas son grandes compañías a las que los atacantes reclamaron dinero a cambio de liberar las computadoras que guardan valiosa información. Eso sí, pidieron que los pagos se realicen vía digital (bitcoin) para evitar que se rastreen los movimientos.

Así como la industria informática se ha convertido en una de las más rentables del mundo, la de los ataques informáticos parece ir en camino a serlo. No están en juego vidas humanas, como con los ataques terroristas, pero sí la información (de todo tipo) que pasa por empresas multinacionales estratégicas.

Los antivirus parecen no ser suficientes y nadie está a salvo de que incluso información personal quede a merced de los atacantes.

El mundo parece ser cada vez más inseguro, aun cuando se cuenten con las herramientas (o las armas) para defenderse.

La inseguridad tiene esas cosas: hace que se viva con miedo incluso cuando uno se encuentra en su casa con una tablet en la mano, sentado en el sillón del living.

El ataque que comenzó ayer puede ser histórico y es probable que las consecuencias de su devastador efecto tarden en estimarse. Y que se sepa: los atacantes tienen el poder y saben cómo provocar los daños. Ni Trump puede sentirse ya seguro, por lo que no sería desatinado pensar en que ya esté maquinando alguna de sus locuras.

¿Terrorismo digital o una millonaria industria en ciernes? El ataque global de ayer ya queda en la historia.