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El voto que viene de Cipolletti

Ángel Casagrande
Dentro de los electores que están habilitados para votar gobernador este domingo, hay un porcentaje para nada despreciable que vive en Cipolletti. Son aquellos que por alguna razón tienen domicilio en Neuquén, pero duermen en la vecina ciudad. 
Algunos afirman que son 15 mil; otros, 10 mil. Lo cierto es que se cuentan por miles y tienen su peso específico. Quizás la diferencia en las cifras radica en los que habitan en Las Perlas y que también en sus documentos llevan una dirección de la capital.  
No por nada, a lo largo de los años, se han abierto locales partidarios neuquinos en Cipolletti. O, en estos días, el avión que promociona la diputación de Mansilla se corre un poco de los límites de la provincia para hacer campaña.
Muchos recordarán que en 2003, con el paso cortado por un piquete de ATEN, fue enorme la cantidad de vehículos que llegaban hasta los puentes para buscar y trasladar gente que venía desde Río Negro. Con protesta y todo, Sobisch le sacó 40 puntos de diferencia a Duzdevich, candidato del FpV.      
¿Por qué se da esta situación? Si bien hay excepciones, la mayoría de estos “cipoleños” se desempeñan en una actividad vinculada al Estado (sin importar si pertenece al ámbito público o al privado) y tienen la obligación de ser neuquinos en la faz legal.  
Esta “dependencia” permite hacer un análisis de hacia dónde puede volcarse este voto. De los principales candidatos, el menos beneficiado es Rioseco porque se deben poder contar con pocas manos los que tengan alguna “obligación” con él. Y el más favorecido es el MPN, que fue el que siempre cosechó los mejores dividendos de este particular electorado, porque no hay que olvidarse el hilo finito que pende en esta provincia entre el Estado y el movimiento.