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Suecia, ese país escandinavo con altos índices de desarrollo humano y un espejo en el cual se mira la dirigencia progresista latinoamericana, las cosas también pueden fallar. La fama de la flexibilidad ante el COVID-19, las aperturas y relajamientos a favor de la economía parece que hoy no le trajeron un buen pasar al país.
En los últimos siete días, tuvo un promedio de contagios de 623,36 por millón de habitantes, según consigna el sitio de investigación ourworldindata.org. Después de Suecia, en términos de promedio de infectados cada millón de habitantes, están Chipre con 612,43, Hungría (523,32), Polonia (529,51) y Estonia (502,06). La estadística sueca es la más alta del continente europeo y los datos encienden la alarma de lo que podría suceder en Argentina y también en Neuquén.
En la provincia no hay ánimos de comenzar con las restricciones comerciales fuertes, tal cual sucede, por ejemplo, en algunos países de Europa como Alemania, con la escalada de casos. Es una ciudad relativamente chica, que tuvo su explosión de contagios y muertes el mismo día, que fue el 19 de octubre de 2020, con 19 fallecidos y 817 casos reportados.
La situación hoy, más allá del anuncio de la segunda ola en el AMBA, es distinta en cuanto a cifras en la provincia. Un investigador del Conicet, Jorge Luis Aliaga, utilizó fórmulas para calcular el promedio de baja a casi un tercio en Neuquén . Actualmente, la provincia tiene un promedio de 138 casos diarios con una tendencia a la baja, aunque esa foto epidemiológica no será eterna.
Que las distintas variantes británica y de Manaos del virus no hayan llegado no quiere decir que estemos libres de esta fatalidad global de la que nadie, ni siquiera Suecia, se ha salvado.