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Entre bardas y chacras, una pileta que es furor

La Colonia, en Centenario, es un clásico en los veranos.
Neuquén
Sombra y tranquilidad son dos de las cosas más buscadas en el complejo de piletas. Pasada la zona del ex peaje, camino a Centenario, una gran alameda indica la entrada al complejo La Colonia, una de las opciones que mucha gente eligió ayer para matar los 31 grados de calor que azotaron la región.
Para ingresar, un guardia detiene a los conductores y cobra la entrada. El cartel gigante que anuncia que el precio a pagar para estar frescos y entretenidos es, de lunes a viernes, de $70, y sábados, domingos y feriados, de $80.
El complejo cuenta con dos piletas grandes, una mediana y una redonda más pequeña para los niños menores de 6 años. El sector de las piscinas está rodeado por carpas de caño verde, techadas con lonas de colores. A su vez, un poco más alejados del agua, muchos optan por instalarse sobre el césped y debajo de la sombra de grandes árboles.
Visitantes de todos lados
Todavía mojados por el chapuzón, Guillermo Salcedo y su mujer, Marta Zamora, estaban en uno de los bordes de la pileta grande junto a dos jóvenes. La pareja había llegado hacía poco a la ciudad desde Zárate para visitar a su hijo y su nuera, y no salían del encanto. “Estamos pasando una tarde muy linda. Estos días estuvimos recorriendo el río, los lagos y todo nos gustó mucho”, dijo Guillermo mientras vaciaba el mate.
A su lado, el prolijo césped invitaba a instalarse. Más de quince jóvenes, de entre 24 y 27 años, disfrutaban entre risas, cervezas y pan dulce. Todos habían llegado temprano para aprovechar un día en que ninguno trabajaba. Mayra Mercapides, embarazada de varios meses, se relajaba sentada en una silla de plástico. “Somos todas parejas amigas, algunos tienen hijos chiquitos; estamos tranquilos porque tenemos buena sombra para los bebés”, comentó. Junto a ella, Roy Marín hamacaba a un bebé de tres meses. “Nos encanta pasar el día acá, pero venimos solamente para fin de año”, contó, mientras los demás hacían bromas. 
Frente a las piletas, una cantina ofrecía diferentes productos. Muchos se amontonaban a comprar algún que otro trago o un pancho que calmara el hambre causado por unas horas de nado. En el lugar una cerveza sale $40, un pancho pequeño $15 y un agua $25.
Muy cerca de la cantina, Noelia Sepúlveda acomodaba una toalla sobre una reposera para acostarse al sol. A unos metros, su familia compartía la tarde alrededor de una mesa. “El lugar es familiar y el día está ideal. Creo que hoy nos quedamos hasta tarde”, comentó y agregó que lo más probable era que alquilaran uno de los fogones, por los que se cobra $80.