Dentro del mundo sexual, son muchas las fantasías que a las personas le quedan por cumplir. Sucede que la imaginación lleva a los seres humanos a realizar prácticas que nunca hubiesen sido capaces de hacer. Según un estudio de la Universidad de Montreal (Canadá), tener sexo en un espacio público o ser observado/fotografiado era una de las principales fantasías que las personas tenían pendientes.
“Muchos jóvenes deciden tener sexo en espacios públicos para ahorrar los costos de un hotel alojamiento, además de que la espontaneidad de la acción muchas veces no da tregua para elegir y buscar otro sitio”, explicó el médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin. El especialista agregó que “en los adultos que recién se conocen está casi restringido a los primeros contactos para después pasar a un lugar más cómodo, aunque aquellos que ya tienen años de convivencia suelen aventurarse a lugares nuevos”.
El informe canadiense, publicado en la revista The Journal of Sexual Medicine, partió de una muestra obtenida a través de 1516 adultos (799 hombres frente a 718 mujeres) de los cuales el 85,1% eran heterosexuales y el 3,6% homosexuales. Hacerlo en un espacio público contó con la aceptación del 58% de las mujeres y del 66% de los hombres encuestados.
El Código Penal Argentino, en su artículo 129 sobre exhibiciones obscenas prevé lo siguiente: “Será reprimido con multa de mil a quince mil pesos el que ejecutare o hiciese ejecutar por otros actos de exhibiciones obscenas expuestas a ser vistas involuntariamente por terceros. Si los afectados fueren menores de dieciocho años, la pena será de prisión de seis meses a cuatro años. Lo mismo valdrá, con independencia de la voluntad del afectado, cuando se tratare de un menor de trece años”. A todo esto, la abogada penalista Karina Blanco explicó: “Es importante entonces saber que el desarrollo de las fantasías, en este sentido, debe respetar siempre el derecho de aquellos que no desean ser expuestos a su observación”.
Ghedin, en tanto, intentó exponer las razones de estas prácticas. “El sexo en al auto, por ejemplo, es estimulante tanto por la proximidad de los cuerpos como por las acrobacias para acomodarse al espacio reducido, lo cual induce a la búsqueda de muchas poses. También entra en juego el apuro que supone ser visto. En estos momentos de mayor riesgo por la inseguridad, el sexo en el auto está más limitado al contacto físico intenso y al sexo oral. Pocos se animan a llevar adelante algo más. Otro factor que estimula es no desnudarse totalmente, lo cual le aporta un ingrediente nuevo de conexión”.