El ensayista Fernando Iglesias plantea en su reciente libro un análisis en el que le adjudica al peronismo casi todos los males de la Argentina. Su trabajo, más que cuestionable, es una simplificación maniquea de la historia y deja trascender un profundo desprecio, no sólo hacia la figura de Perón, sino, y sobre todo, hacia los movimientos populares. Sin embargo, el título del libro es interesante: Es el peronismo, estúpido. La enunciación invita a hacer la tantas veces formulada pregunta ¿qué es el peronismo?, y la complejidad del tema requeriría chorros de tinta para aproximarse a alguna respuesta. Pero lo que sí se puede, sin temor a equivocarnos, es trazar una analogía con el MPN, que no se agota en explicar su origen histórico vinculado a la proscripción del Partido Justicialista. En los convulsionados años 70, el peronismo era, al mismo tiempo, Rodolfo Walsh y López Rega, Osinde y el padre Mujica, la tendencia revolucionaria y la burocracia sindical. Más acá, Menem y Duhalde, el kichnerismo y la CGT de Moyano,
Scioli y Massa. Hasta Macri se animó la semana pasada a insinuar que él también tiene algo de peronista. ¿Y el MPN?, ¿es Felipe?, ¿es Elías?, ¿es Sobisch?, ¿es Jorge Sapag?, ¿es ahora Omar Gutiérrez?, ¿es el aliado del neoliberalismo de los 90 o es este más cercano a un proyecto nacional que se inició con los Kirchner y que podría continuarse con Scioli? Las próximas elecciones del 25 de octubre son un muestrario de estas vertientes. El sector hoy mayoritario del MPN apoyará a Scioli, otro irá con Massa y un tercero con Macri. Todos, eso sí, detrás del objetivo común que el partido provincial tiene de meter, al menos, un diputado nacional. ¿Raro? No: es el MPN, estúpido.