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Estigma y sensación

La sensación de «injusticia» que se vive en la localidad respecto a la resolución de los «grandes casos policiales» es un fenómeno muy escuchado en la comunidad, aunque pocos se dedican a analizar en profundidad lo que ocurre en Centenario, y las consecue
La sensación de «injusticia» que se vive en la localidad respecto a la resolución de los «grandes casos policiales» es un fenómeno muy escuchado en la comunidad, aunque pocos se dedican a analizar en profundidad lo que ocurre en Centenario, y las consecuencias de ser «el patrio trasero de la provincia».
Ayer, este diario publicó que luego de cuatro meses, un análisis de ADN pudo confirmar que los huesos hallados en la meseta en marzo pasado pertenecían finalmente al los del joven José Ignacio Tissera, desaparecido en la meseta en octubre de 2007.
El caso despertó varias hipótesis de confusión y por momentos hasta las mismas pericias judiciales quedaron postergadas en el tiempo. Pero la confirmación de la identidad de la occisa parece haberlo «salvado» de caer en otro clamor por Justicia.
Centenario tiene marcado el estigma de «ciudad vacía y sin oportunidades» y en esa línea no es raro pronosticar que dentro de un tiempo se convierta en «chivo expiatorio» de las calamidades judiciales que cada tanto ocurren en la provincia.

Actitud
A tan sólo 8 minutos de la capital neuquina, ya es notorio que para los jueces este lugar está sumido en la postergación absoluta, porque no existe un juzgado local que permita «agilizar» los expedientes ante casos de gran repercusión social y todo depende de las prioridades delictivas capitalinas.
Un «leading case» de este fenómeno es el crimen de la docente Susana Ruminot, ocurrido el 20 de junio de 2002. La Justicia absolvió en dos oportunidades –ya que el TSJ admitió un pedido de Casación de la querella- a los únicos dos imputados, y todo naufraga en la impunidad. Se habló de que la Policía había «plantado» pruebas, que luego no fueron computadas en el «mundo jurídico». El revuelo fue tal que las críticas del padre de la víctima, Sergio Ruminot, fueron para el juez José Luis Cartolano, el abogado Mariano Mansilla (ahora secretario de Gobierno del intendente neuquino Martín Farizano) y hasta el ex camarista penal y a un paso de ser suspendido definitivamente del Poder Judicial, Eduardo Badano, quedaron en el ojo de la tormenta. Pero todo se olvidó rápido.
Vale recordar que Susana era docente y fue ahorcada frente a su hija de dos años y tres meses, pero el caso no tuvo ni por asomo la transcendencia del crimen de maestro Carlos Fuentealba, donde los jueces parecieron más interesados en «seguir la ola del momento» y fallar con determinación ante le pedido de «linchamiento público» que proponían los sectores sindicales, envalentonados por la pésima imagen política del ex gobernador Jorge Sobisch.
A todo esto, la institución policial también cayó en la mala imagen que existe en la ciudad a nivel provincial. La comisaría Quinta –según admiten muchos efectivos policiales- parece más un lugar «de castigo» para el uniformado que un espacio para luchar realmente contra el delito en Centenario.