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Ética bancaria más que dudosa

Alfredo Vigil
Con sus ahorros decidió comprar un auto. Sacó un crédito prendario para pagar la diferencia y accedió así a su cero kilómetro. Su cáncer de útero estaba bajo control y religiosamente fue pagando cuota tras cuota. Con el tiempo, su salud empeoró y, tras una dura agonía, falleció. Fue en abril del 2014. Días después, su ex esposo fue al banco ICBC y presentó el acta de defunción. Le reclamaron la historia clínica, y su hijo fue al sanatorio a retirarla. Fue doloroso para el adolescente, porque aún hoy tiene pesadillas en donde recorre los pasillos del sanatorio buscando a su madre.
La historia clínica se entregó y, vía correo electrónico, el banco informó que el tema pasaba al seguro. Pasaron los meses. “Quédese tranquilo, ella figura como fallecida y ante cualquier novedad se va a informar”, precisaban. Siempre la misma respuesta.  En junio pasado, repitió el pedido al banco. Pero esta vez, se informó que el trámite fue enviado a un estudio jurídico, que el seguro rechazó el siniestro, es decir, no iba a pagar, porque ella estaba enferma de cáncer al momento de tomar el crédito. El ex esposo no entendió. Durante 13 meses el banco le respondió metódicamente “está todo bien y debe esperar”, y ahora le decían que debía negociar con un estudio jurídico.
Empezó así a peregrinar por los teléfonos del banco. Quería saber de cuánto era el crédito, cuánto se debía, leer la póliza del seguro que cubría la deuda y saber qué firmó su ex mujer. Fracasó en cada intento. Todavía no logró obtener un solo papel y alcanzó apenas a hablar con una contadora que lo remitió al estudio jurídico. Y se pregunta: ¿es ético lo que hace el banco? Un enfermo oncológico no quiere morir ni piensa en eso. Lo mejor sería que tampoco piense en endeudarse.