Bruselas .- El rey Alberto II de Bélgica firmó hoy en el palacio real de Bruselas el acta de abdicación con la que su hijo, el príncipe Felipe, se convierte en el séptimo monarca de los belgas.
En su discurso, Alberto dijo a su heredero que tiene "todas las cualidades, de corazón e inteligencia" para servir bien al país en sus nuevas responsabilidades. Tanto él como su esposa Matilde tienen "toda nuestra confianza", manifestó.
Antes de la firma, agradeció a la reina Paola su apoyo, enviándola "un gran beso". Después, el monarca saliente abrazó a su hijo, lo que hizo que se le saltaran las lágrimas a la ya reina Matilde.
El primer ministro belga, el socialista Elio Di Rupo, alabó a Alberto II como "un gran jefe de Estado" y, sobre Felipe, señaló: "Todos sabemos que su puesto estará lleno de desafíos".
Felipe, de 53 años, jurará formalmente la Constitución a mediodía ante el Parlamento y más tarde, los nuevos monarcas se trasladarán al palacio real para saludar desde el balcón. Después, está previsto el tradicional desfile militar.
Con su abdicación, para la que alegó motivos de salud, Alberto II pone fin a casi 20 años de mandato. A sus 79 años, eligió para ello el día nacional de Bélgica. Es la primera vez que un rey abdica de forma voluntaria en los 182 años de historia de la monarquía belga.
A la austera ceremonia en el palacio real acudieron unas 250 personas, entre ellas miembros del gobierno y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. Sin embargo, no estaban invitadas las otras casas reales europeas ni jefes de Estado.
Antes de la abdicación, los reyes Alberto II y Paola y los herederos, Felipe y Matilde, asistieron a misa en la catedral de San Miguel y Santa Gúdula, a cuya entrada saludaron a la gente que se había congregado para verlos. (dpa)