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Femicidios: dolor perpetuo

Fue como un deja vu. Volver a conectar dos trágicos hechos con sus mismos protagonistas: hombres violentos que asesinaron a sus parejas. Dos crímenes que se entrelazaron desde el primer momento porque dos mujeres sufrieron violencia extrema y fueron asesinadas bajo la misma desprotección.

Cuando un jurado popular declaró culpable a Roberto “Resorte” Valdez el 6 de julio de 2016 de matar a Noemí Maliqueo y se convirtió así en el primer femicida condenado de la provincia, otro hombre, esa misma tarde, asesinaba a su ex mujer en Picún Leufú de 15 puñaladas.

El buen augurio de esa condena histórica contra Valdez se diluyó antes de que cerráramos las páginas del diario aquel día. Lo recuerdo perfectamente. Tuvimos que informar otro femicidio: Gonzalo Alarcón Medina apuñaló y mató a Sandra Merino.

El viernes pasado se conoció el veredicto de otro jurado popular que halló culpable a Alarcón Medina de asesinar a su ex pareja, por lo que le espera una condena de prisión perpetua. Un día después de esa condena, Roberto “Resorte” Valdez murió en el hospital producto de un cáncer de pulmón. Y otra vez los nombres de los dos verdugos se volvieron a cruzar.

Ninguna condena penal contra los autores de los crímenes de género va a poder remediar la tragedia vivida y, a su vez, no se puede permitir la impunidad de no dar respuestas institucionales ante los hechos aberrantes que nos afectan como sociedad. Pero me permito reflexionar sobre lo único que se vuelve perpetuo: el dolor de las familias de esas mujeres que hoy no están, de esos padres a quienes les faltan sus hijas y de esos hijos a quienes les faltan sus madres.

Lo único que se vuelve perpetuo es el dolor de las familias de aquellas mujeres que fueron asesinadas.