Por estas horas el intendente Horacio Quiroga debe estar respirando tranquilo, mientras a través de la ventana de su despacho del edificio municipal observa con satisfacción que, esta vez, el Monumento al General San Martín quedó intacto y no se convirtió como antes en el centro de pintadas ni destrozos.
Como no podía ser de otra forma, ante la importancia de semejante partido de fútbol, el jueves a la noche tras la victoria de River Plate frente a su eterno rival que lo catapultó a la final de la Copa Sudamericana, sus hinchas se congregaron alrededor del monumento al libertador de Sudamérica.
El remozado monumento se convirtió en el escenario ideal para la interminable y exultante alegría de los hinchas riverplatenses, quienes en esta oportunidad respetaron al prócer, a diferencia de lo que sucedió a los doce días de la inauguración del monumento con los “inadaptados, resentidos y enchastradores profesionales”. Así los definió el mismo intendente, quien no pudo ocultar su más enérgica bronca y repudio cuando arrojaron detergente y glicerina al agua de la fuente provocando que amaneciera llena de espuma.
La del jueves a la noche, con simpatizantes festejando sin provocar ningún incidente ni atacando con consignas el monumento, es la mejor postal que puede exhibir una sociedad moderna, madura y respetuosa de sus patrimonios y sitios históricos.
Pero no solo la sociedad debe respetar y defender este monumento como los otros que se despliegan en la ciudad, sino también les corresponde a las autoridades llevar a la práctica en forma concreta acciones e inversiones para preservar el patrimonio histórico-cultural de todos los neuquinos.