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¿Fiestas sin pirotecnia?

Durante el festejo de la Navidad del año pasado se dio un pequeño gran paso en el uso de la pirotecnia. Por primera vez, después de mucho tiempo, los hospitales públicos no atendieron a ninguna persona lesionada por lastimaduras o quemaduras provocadas por cohetes, cañitas voladoras o bombas de estruendo.

El dato llamó la atención de los medios y todavía cuesta creer los títulos de los diarios y portales reportando esa novedad. Fue un primer gran paso, pero no se solucionó el problema definitivamente.

Pese a la prohibición y los controles que se hicieron en comercios y puestos ambulantes, después de la medianoche se escucharon estruendos aislados que duraron poco más de 15 o 20 minutos, un tiempo relativamente corto si se lo compara con el de festejos de años anteriores.

Algo similar ocurrió en Año Nuevo, aunque en esa oportunidad hubo tres heridos por quemaduras. De todas maneras, fue una cifra baja.

En estos días, previos al fin de año, en las redes sociales se multiplican los pedidos de prudencia y solidaridad hacia aquellos que sufren con los estruendos de la pirotecnia (niños con autismo, ancianos, animales), más allá de las campañas formales a través de los medios, mientras que las autoridades –una vez más- anuncian que se reforzarán los controles para evitar la venta clandestina.

¿Seremos capaces los neuquinos de evitar la tentación de comprar cohetes para estas fiestas? ¿Dejaremos de lado esa estúpida rebeldía?

Cuando comience el nuevo año lo sabremos.