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Forjadoras del Neuquén de hoy

Alicia Figueira de Murphy y Beatriz Batistti de Peláez contribuyeron a construir el presente de la provincia. Acompañaron a sus esposos en la dura tarea de poblar la estepa.

Por Vicky Chávez

Neuquén > Las mujeres acaso hemos sido las ideólogas de revoluciones que buscaron establecer reivindicaciones y derechos, no solamente para con nuestro género, históricamente vapuleado. Sin embargo, no podemos negar que siempre desde nuestra posición damos examen por cada movimiento, pensamiento o forma de actuar. Cuestión ultima que no nos perjudica ni debería molestarnos, simplemente que nos fortalece, nos ayuda a superarnos. 
Hemos dado lucha por causas justas en defensa de la patria, de los derechos de los más débiles, de nuestros hijos, de nuestros hombres, siempre buscando conseguir un espacio de igualdad de trato para acceder a una mejor calidad de vida. En efecto, nuestra historia nacional descubre a mujeres que hallaron su lugar encabezando la lucha por ubicarse en un lugar dentro de la sociedad, a pesar de los prejuicios y los intentos de transformar esas luchas en oscuridad. Un ejemplo preclaro es el caso de Eva Duarte de Perón, quien luchó, entre otras cosas, por el voto femenino. Es decir, por incorporar a la mujer a la vida democrática.
Años antes, en el Río de la Plata encontramos que las mujeres -las indias, las blancas y las negras- tuvieron una gran participación social. Ya sea en salones y tertulias discutiendo acerca de temas políticos, ya sea en las guerras por la independencia, acompañando a los ejércitos patrios. Generalmente eran las encargadas de realizar la vestimenta, y así fueron ellas quienes cosieron los uniformes militares, bordaron las banderas y elaboraron los ponchos de nuestras tropas.
Un poco más acá en la historia, la mujer también fue activa participante de movimientos políticos y sociales como el socialismo, el anarquismo y el peronismo. En suma, las mujeres de hoy somos deudoras de aquéllas que buscaron defender los derechos de todas, incluso a riesgo de sus propias vidas.
En el caso de Neuquén, la participación femenina de todos los tiempos se destacó en ámbitos diversos como la política, la medicina, el arte,  la docencia o el hogar, acompañando a sus esposos que vinieron de la mano del ferrocarril, del ejército, de gendarmería, entre tantos otros motivos. Hoy repasamos la historia de alguna de ellas.
Estas historias constituyen una síntesis de una historia común a las mujeres que tempranamente poblaron esta capital, hacedoras del camino neuquino. Estas líneas no alcanzaría para honrarlas a todas.
 
Alicia Figueira de Murphy: arte y magia
Nació en Neuquén el 30 de julio de 1934. Es hija de Valentín Figueira Ares, un español de Galicia, y de Sofía Turiel, argentina, nacida en Bahía Blanca. Sus padres en 1924 adquirieron un campo en Cinco Esquinas, Río Negro, y se trasladaron a vivir al lugar. Aquí nació Alicia.
Estudió en la Escuela San Martín, se recibió primero de Perito Mercantil y luego de Maestra Normal Nacional en 1958. Posteriormente cursó el Profesorado de Arte Dramático en la Escuela Superior de Bellas Artes de Neuquén, en 1979.
A continuación obtuvo Certificado de Capacitación, especialidad Títeres, dictado por Alcides Moreno de Cecilia Andrés y de dos años de duración.
Realizó cursos intensivos sobre manipulación, interpretación y puesta en escena con títeres, dictados por Héctor Di Mauro y el uruguayo Cholo Laureiro.
A fines de la década del '50, Alicia conoció a Guillermo Murphy, un descendiente de irlandeses con el que se casó en 1960. De esa unión tuvo tres hijas: Gabriela, María Victoria y María Virginia, quienes les dieron seis nietos y un bisnieto.
Sintetizar su vasto curriculum no es tarea fácil. Decimos que fue delegada del Fondo Nacional de las Artes en esta provincia; secretaria de la Escuela Provincial de Bellas Artes; cofundadora de la Escuela Provincial de Títeres (mayo de 1968), y fue su directora durante 18 años. Además de presidenta de la comisión organizadora de la Semana del Títere en la Educación Neuquén 1970 y del Tercer Encuentro Nacional e  Internacional, participó en encuentros de títeres en Buenos Aires y Tucumán. Integró la comisión ejecutora de Unima (Unión Internacional de Marionetistas Argentinos), en donde participó en la redacción de los estatutos. Dictó cursos de perfeccionamiento en distintas localidades de las provincias de Neuquén y Río Negro. Realizó giras artísticas con teatro y títeres por Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, con el Teatro el Grillo en 1977.
Obtuvo numerosos premios: en la categoría Niños, Concurso Nacional de Obras para Teatro de Muñecos, en 1977, y el premio Emi (Región Comahue) a la mejor actriz, en 1987.
En 1993, al cumplirse el 25 aniversario de la institución, se le impuso su nombre a  la Escuela Provincial de Títeres por Resolución del Consejo Provincial de Educación.
Asimismo, obtuvo diploma al mérito, Consejo Provincial de Teatro de Neuquén, año 2000, integrante de Mujeres de la Cultura Neuquina en 2010. Fue invitada al Encuentro Internacional de Escuelas Artísticas, especialidad Títeres en Charleville, Francia, en 1996.
Actuó en el Teatro Libre del Neuquén “Amancay” y  desempeñó papeles protagónicos en “Un día de octubre” y “Ha llegado un inspector”, entre otras obras.
Fue cofundadora del Teatro del Bajo de Neuquén, donde se destacó como directora y actriz. Entre las obras recordadas, actuó en "La casa de Bernarda Alba".
Como directora de la Escuela Provincial de Títeres, actuó y dirigió los siguientes trabajos: "El verdulero Giussepín", "Pepe el marinero", "Murrungato del zapato", "El romance del enamorado y la muerte", "El gato y los ratones", "Mi amigo Michay", "El mago y el payaso", "Nada más que un sueño", "La calle del buzón", "Buen día caracol", "Historia de perros", "Dos farsitas medievales cada día más actuales", entre otras.
Es loable decir que en algunas de las obras nombradas actuó con Kike Sánchez Vera, afamado titiritero radicado en la zona. Ambos hicieron una película, “Los Titiriteros”, bajo la dirección de los recordados Kelly y Procopiuk.
Participó como actriz y  titiritera en el Teatro KU de Jorge Onofri, entre 1987 y 1988.
Ha dictado cursos sobre técnicas de títeres, incluyendo la técnica del teatro negro, a un grupo de actores de Neuquén.
 
Beatriz Batistti de Peláez: los niños fueron su vocación
Cordobesa de nacimiento pero neuquina por adopción, nació el 12 de mayo de 1930 en Villa María (Córdoba). En 1948 llegó a Córdoba capital para estudiar Medicina en la Universidad Nacional de Córdoba.  Cuando estaba en cuarto año de la carrera conoció a su futuro esposo Víctor Peláez. Ambos se recibieron el 19 de abril de 1955. En la misma fecha pero en el mes de noviembre se casaron y el 3 de diciembre –Día del Médico- llegaron a Neuquén, con un ventarrón espantoso que recién paró el 15 de enero, recordó alguna vez la doctora.
Pareciera que este clima inhóspito, desértico, feroz hizo llorar a Betty en alguna oportunidad, pero sus fuertes convicciones hicieron que se quedara en un lugar “en donde estaba todo por hacerse".
Tuvieron ocho hijos a los que crió con mucho afecto, en medio de tanta actividad.
Apenas arribados, ingresaron al Hospital Regional, y en marzo de 1958 se fundó el Centro Materno Infantil, y el Doctor Luis Ramón nombró a Beatriz directora y a su esposo como médico. Posteriormente su esposo sería también director.
La tarea de Betty en pediatría fue algo colosal, dedicaba largas horas al cuidado de los pequeños. Su consultorio estaba permanentemente abierto y al decir de su hija mayor Cristina -médica igual que sus padres-, “Mamá atendía tres o cuatro pacientes y luego iba a casa para ver qué hacíamos nosotros, si hacíamos la tarea o nos peleábamos, si habíamos comido, entre otras cosas”.
Cuando llegaron fueron a vivir a la calle Independencia 114. Posteriormente, construyeron su casa en Rioja 36 y en 1963, asociados con los doctores David Abraham y Ángel Nicanor Romero, inauguraron la Clínica Peláez con seis camas y una sala de operaciones. Luego la clínica se amplió y empezaron a atender todas las especialidades.
En la década del '60 comenzó el proyecto de un Centro de Deportes. La finalidad con que lo impulsó era que la salud se mantenía con el deporte y la recreación, por eso luchó para que todos los niños que no podían ir a un club privado fueran allí, su acción era ayudar al prójimo más necesitado. Fueron muy importantes los grandes festejos del Día del Niño que organizaba en el playón, cine, títeres y merienda, sostenida con todas las colaboraciones que se encargaba, ella misma, de recolectar.
En los inicios del Centro de Deportes había que rellenar un bajo que hoy es la cancha que está al frente, y se necesitaban cientos de camionadas de tierra. Le tomó un sábado y un domingo buscar no sé cuantos camiones y logró que se tapara el zanjón.
Fue Presidenta de la Cooperadora del Centro, dio clases de anatomía, coordinó y organizó  en la clínica una escuela de enfermería a la que le agregó un centro de alfabetización para adultos.
Además fue miembro activa del Rotary Club, catequista, administradora de la clínica y madre.
Aún hoy se recuerdan sus frases en el ámbito pastoral, "Que los que tienen aporten para los que menos tienen”; en el consultorio, “Dios proveerá”; “Tené más confianza en la gente humilde, si te dijo que va a cumplir, cumple”; en el trabajo, ”Si querés que algo se haga, mandalo a hacer y verás que no se hace”.
Participó en Cáritas, en la Catedral, en el Hogar Rayito de Sol, en catequesis para adultos por la noche.
Tenía paz, la transmitía, creía mucho en la oración y la practicaba. Ejercía el amor al prójimo, era humilde.
Dejó de existir el 17 de febrero de 1984 cuando tenía 53 años.
Betty sembró y dejó huellas en su familia, hijos, nietos y bisnietos,  también en esta sociedad neuquina que la acogiera y en donde residió hasta el último de sus días.