{# #} {# #}
Amarilla, naranja y roja. Tres grados de alerta que se suelen repetir en los últimos años con la llegada del verano y las altas temperaturas. Las mismas que también aumentan los riesgos para la salud de los más débiles, ancianos y niños con la aparición de los golpes de calor.
El Ministerio de Salud de la Nación define al golpe de calor como el aumento de la temperatura del cuerpo por una exposición prolongada al sol (insolación clásica) o por hacer ejercicios en ambientes calurosos o con poca ventilación, al punto que el cuerpo pierde agua y sales esenciales para su buen funcionamiento.
Si bien los golpes de calor pueden afectar a todas las personas, en mayores de 65 años el riesgo es mayor, ya que en el proceso de envejecimiento disminuye la proporción de agua en el organismo. Por esta razón, desde la Facultad de Medicina de la Fundación Barceló brindan algunos consejos para prevenirlos. Con el paso de los años se reduce la sensación de calor, por lo tanto, las personas mayores no perciben las altas temperaturas. Esto provoca que no tomen las precauciones que deberían. Si bien sentirse débil y agotado son características propias de la mayoría de los ancianos, es importante no pasarlas por alto ya que también pueden ser señales del golpe de calor.
En caso de sufrir un golpe de calor es fundamental actuar de manera rápida. Lo primero que hay que hacer es bajar la temperatura del cuerpo con paños fríos o incluso con hielo. Cuando se trata de ancianos puede ser muy grave, por lo tanto, hay que acudir a un médico ante los primeros síntomas.
Alerta deshidratación
La deshidratación es un peligro potenciado por el calor. Puede afectar el rendimiento físico y mental sin que podamos darnos cuenta, y se convierte en uno de los mayores peligros del verano. La importancia de realizar “tomas conscientes” y generar “alarmas mentales” para recordar beber agua.
Somos lo que comemos y lo que tomamos. Pero si de líquidos hablamos, el 60% de nuestro peso corporal total es agua, relacionando la cantidad de agua con algunos de nuestros órganos podemos decir que Tres cuartas partes de nuestro cerebro y corazón están representadas por agua así como el 83% de nuestros pulmones y el 31% de nuestros huesos son agua. Sin embargo, a lo largo del día grandes cantidades desaparecen a través de la orina, el sudor, o incluso la respiración.
El golpe de calor es el aumento de la temperatura corporal por una prolongada exposición al sol.
“La deshidratación se define como la disminución del agua corporal total producida por el desequilibrio entre las pérdidas de líquidos o fluidos y su ingreso, es decir, que las pérdidas superan los ingresos. Cuando tenemos sed es porque ya existe cierto grado deshidratación, con lo cual hay que anticiparse bebiendo agua durante todo el día. En principio, nos podemos ayudar colocando alarmas en el celular que nos recuerden que debemos hidratarnos de forma continua, de esta forma realizamos un ejercicio consciente de una correcta hidratación”, explicó el doctor Edgardo García Espina, jefe de Emergencias de la Clínica Zabala. Por eso, hay que estar muy atentos con los chicos y los abuelos.
¿Cuánto líquido hay que tomar para no sufrir los efectos de las altas temperaturas?
¿Cuánto líquido hay que beber por día? Para una persona de 70 kilos aproximadamente, libre de enfermedad y en condiciones ambientales normales, serían alrededor de 2 a 2,5 litros diarios, esta cantidad debe superarse en condiciones especiales de enfermedad, altas temperaturas o cuando realizamos ejercicios. Las embarazadas y mujeres en tiempo de lactancia necesitan más de 2 litros por día. Teniendo en cuenta que dos tercios del aumento del peso durante el embarazo es agua, esta condición aumenta el volumen sanguíneo, ayuda a mantener una adecuada cantidad de líquido amniótico y crecimiento del feto, de hecho el huevo fecundado es un 90% de agua y en el embrión llega a un 85%; en el caso de la lactancia si tenemos en cuenta que un 87% a 90% de la composición de la leche es agua resulta obvio la importancia de mantener una ingesta hídrica adecuada si queremos preservar la cantidad y calidad de la leche. En el primer trimestre se debe tomar 2 a 2,5 litros por día; en el segundo y tercer trimestre al igual que en el período de lactancia, 3 litros diarios.