Más allá de la crónica
Tan lejos de la timidez de los inicios de la nueva democracia como de la desvergonzada década del 90, la dirigencia argentina parece haber encontrado una inclinada medianía que no colma las expectativas de la sociedad.
Los argentinos ya vimos casi todo lo desgraciado que podían mostrarnos los gobernantes: corrupción, prepotencia, inoperancia, despilfarro, opulencia, autoritarismo, soberbia. Comportamientos, por lo general, nunca equiparados por los intachables.
Entonces, con un horizonte abollado por el maltrato, lo malo parece normal; y se convalida tácitamente.
Y ya no exigimos excelencia ni honorabilidad, virtudes que deberían ser parte de cada uno de nuestros representantes.