Y no me importa lo que digan esos putos periodistas, la puta que lo parió...”. El desubicado grito de guerra es de los jugadores de la Selección. Canta y salta a la par de ellos en el camarín visitante de Ecuador nada menos que el jefe de... prensa de la Albiceleste, Nicolás Novello. Ve que las cámaras captan su imprudencia pero no se inhibe. Ello resume a la perfección lo que viene pasando con el periodismo deportivo. La prensa está peleada con la prensa. Se desató, apenas consumada la clasificación argentina a Rusia 2018, una feroz guerra entre los críticos tendenciosos y los defensores a ultranza del equipo que conduce Jorge Sampaoli.
La grieta se hizo evidente en las redes sociales, sobre todo en Twitter, esa misma noche del 3 a 1 en Quito y nunca más se detuvo. Incluso, señores colegas como el talentoso Gonzalo Bonadeo se prendieron en una discusión estéril. Muchos de los involucrados suelen colaborar con sus opiniones en las páginas de deportes de LMN. Pero eso no los exime de los cuestionamientos por la pobre imagen que están dando. Ojo, de los dos lados. Los que hacen un circo de todo y parecen buscar sangre para llenar horas televisivas y radiales y no miden la crítica. Y también los necios que no admiten el disenso y que salieron con ánimo revanchista a copar la parada y refrendarle la clasificación a los detractores. Como si todo se hubiera hecho diez puntos en las eliminatorias...
Los extremos son malos. No está bueno pegar por pegar, ya sea porque el protagonista no accede a una nota o para ganar rating, ni tampoco negar la realidad. Todo en su justo punto. Como ocurre con la política, se agrandó la grieta en la prensa deportiva. Una pena, somos todos argentinos...
Se desató una feroz guerra entre los que hacen de la crítica un show bizarro y los que no permiten el disenso.