Ámsterdam.- El príncipe Guillermo Alejandro, quien se convertirá el martes 30 de abril en rey de los Países Bajos, gobernará con una cuota de popularidad eclipsada por la de su esposa, la argentina Máxima Zorreguieta, el miembro de la Casa Real mejor valorado por los holandeses, según todas las encuestas.
La imagen pública del futuro rey de Holanda, apodado burlonamente "príncipe cerveza" en sus impetuosos años estudiantiles por su afición a la bebida alcohólica favorita de los holandeses, mejoró notablemente desde que se comprometió con la encantadora argentina hace 12 años.
Sencilla, amable, risueña, espontánea y guapa: a Máxima Zorreguieta no le resultó difícil ganarse en poco tiempo los corazones de los holandeses y contagiar esa gran popularidad a su esposo, humanizándole y acercándole más a los ciudadanos.
La pareja se conoció durante la Feria anual de Sevilla, en abril de 1999, y se casó en Ámsterdam el 2 de febrero de 2002. Los Príncipes de Oranje tienen tres hijas: Amalia, de nueve años, Alexia (siete) y Ariane (seis). Como hija mayor de Guillermo Alejandro, Amalia ocupa el primer lugar en la línea de sucesión, por lo que Holanda, en un futuro aún lejano, volverá a tener a una mujer en trono.
La influencia positiva que Máxima ha venido ejerciendo sobre Guillermo Alejandro se pudo apreciar claramente durante la excepcional entrevista que la pareja concedió el 17 de abril a la televisión holandesa. Un príncipe relajado, casi campechano, dijo no ser un "fetichista del protocolo" y adelantó que, como rey, la gente podrá llamarlo "como desee".
De esta manera, Guillermo Alejandro puso en evidencia su intención de modernizar la monarquía holandesa marcando distancias con su madre, la reina Beatriz, quien siempre mostraba cierta rigidez en sus apariciones públicas y no admitía otro título de tratamiento que "su Majestad". En cambio, la madre de Beatriz, la reina Juliana, quería que la tratasen sólo de "señora".
Guillermo Alejandro dijo en la citada entrevista que pretende ser "un rey que en el siglo XXI pueda unir, representar y motivar a la sociedad". Lo tendrá que hacer como un rey con menos poder que nunca en la historia de la monarquía holandesa, después de que el Parlamento en La Haya decidiera retirar al monarca la potestad de influir en la formación de los gobiernos.
El príncipe Guillermo Alejandro, de 46 años, sube al trono en un año en que la monarquía holandesa celebra su bicentenario. Y lo hace como primer monarca varón en 123 años, después del largo "matriarcado" de las reinas Emma (1890-1898), Guillermina (1898-1948), Juliana (1948-1980) y Beatriz (1980-2013).
Nacido el 27 de abril de 1967 como hijo primogénito de la entonces princesa Beatriz y el príncipe Claus, ya fallecido, Guillermo Alejandro estudió historia en la Universidad Estatal de Leiden, la más antigua de los Países Bajos. Durante su agitada vida estudiantil, el joven príncipe, un amante de los coches veloces, llegó a ser noticia nacional cuando después de una fiesta cayó con su automóvil en un canal de la ciudad.
Uno de sus profesores estigmatizó durante años a Guillermo Alejandro después de haber afirmado que el Príncipe de Oranje es "una persona inteligente, pero de ninguna manera un intelectual".
Sin embargo, el disgusto que esta apreciación causó en la reina Beatriz fue ampliamente superado por la ira que desató un comentario despectivo del escritor Jeroen Brouwers, una de las grandes plumas de Holanda y temido polemista.
El irreverente autor dijo del príncipe heredero, de cara algo fofa, que "tiene el carisma intelectual de una lechuga y la profundidad de una tabla de surf". Según fuentes de la Casa Real holandesa, la reina sopesó demandar al escritor, quien dijo, después de enterarse de esta amenaza judicial, que le había entrado un ataque de risa que duró tres días.
Máxima contribuyó involuntariamente a ratificar las supuestas escasas dotes intelectuales de Guillermo Alejandro al afirmar en holandés que su futuro esposo había estado "un poco tonto" durante una conferencia de prensa en Nueva York en marzo de 2001.
Cuando un periodista le preguntó en esa rueda de prensa qué pensaba del papel que había desempeñado el padre de la novia, Jorge Zorreguieta, como secretario de Agricultura durante la dictadura argentina (1976-1983), Guillermo Alejandro intentó matizar la imagen negativa del régimen militar argentino citando a una "fuente independiente" que había enviado una carta al periódico "La Nación" de Buenos Aires. Más tarde, el príncipe tuvo que presentar sus disculpas al conocerse que esa carta llevaba la firma... del mismísimo dictador argentino, Jorge Videla.