El postre de hoy será el aperitivo trasnochado de un par de semanas de esas (no existen muchas) en las que la soledad se convierte en una virtud, el sillón reemplaza a la cama como el lugar en el que se cumplen nuestros deseos más primitivos y las mujeres deben tomar una decisión que puede marcar para siempre a la pareja: aceptar esta nueva derrota contra el televisor y unírsenos, o desatar una guerra fría con consecuencias inimaginables.
¿Será Mayweather-Pacquiao la mejor pelea de este incipiente siglo? ¿Armarán un combate inolvidable que confirme a Money en el Olimpo del boxeo o termine con su increíble invicto (y con el filipino como candidato a presidente de su país)? Habrá que verla para saber, para hablar con propiedad y no tocar de oído, porque hay pocas cosas más feas que quedarse afuera de la charla entre amigos cuando la barra se divide entre los que ya tienen a su favorito en la casa de Gran hermano y los que siguieron atentos lo que ocurra esta noche en Las Vegas.
Lo que vendrá después, desde mañana mismo, será un generoso tenedor libre futbolero, una programación que sólo pudo ser armada por el Dios de la pelota. Una semana y media de sobredosis de juego y pasión, con las semifinales de la Champions entre los mejores jugadores/equipos del planeta y tres superclásicos que pueden quedar en la historia, con un domingo sándwich en el que se cruzan River-Racing e Independiente-Boca, pero que hoy parece muy poca cosa. La vuelta al gimnasio tendrá que esperar, igual que el mundial de siesta o el asado de los jueves. Quién sabe si volveremos a disfrutar antes de una nueva visita del cometa Halley o de un par de semanas como las que nos han bendecido.