La Casa Rosada mira la crisis de Brasil con más pragmatismo que drama. Creen que pronto algo cambiará.
Más allá del tal vez precipitado diagnóstico de la canciller Susana Malcorra ("si Brasil estornuda, nosotros tenemos neumonía"), lo cierto es que la Casa Rosada calibra las horas por venir en el país vecino con más pragmatismo que diplomacia.
La presunción de Cambiemos es que tarde o temprano la derecha volverá a gobernar en Brasil, sea cual fuere el derrotero en los tribunales de Dilma y de su padrino político, Lula Da Silva.
Es que razones no faltan: Néstor y Lula, cuando coincidieron en sus presidencias, tuvieron más afinidades políticas que un intercambio comercial fluido, lo mismo sucedió entre Cristina y Dilma. En ambos casos, las relaciones pasaron más por la primacía de los negocios que por las afinidades ideológicas. Sin embargo, ahora soplan vientos diferentes tanto aquí como en Brasil.