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Hace 20 años, Sara disfruta de una segunda oportunidad

Recibió el primer stent intracerebral en la Patagonia, en una época en que los avances parecían lejanos. La historia detrás de un desafío de vida o muerte.

Hace casi 20 años atrás, la historia era otra. La medicina, los avances en terapias de vanguardia, en dispositivos, en el alcance de la tecnología más sofisticada que ‘abría los ojos del mundo’ se veía a “años luz” de nuestras posibilidades.

Y Sara, al otro lado del mundo –del Primer Mundo-, lejos de su Chile natal de donde huyó para escapar de las manos sangrientas de la dictadura pinochetista, sola, viuda y con dos hijos, sentía que en Neuquén su vida pendía de un hilo. Era “cuestión de vida o muerte”, le dijeron, “tenía algo en la cabeza que se le podía reventar en cualquier momento”.

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Empezó a ver mal de un ojo. Una molestia, una preocupación. Una “telita” en el ojo, le dijeron, pero luego se comprobó que no. Que ese no era el diagnóstico, a sus 54 años. Caminó y caminó por consultorios y centros de salud, hasta que tras exhaustivos estudios se tropezó de golpe con una palabra que, allá por el 2005, todavía no sabía cómo enfrentar y daba terror: un aneurisma detrás de un ojo.

¿Y cómo se cura eso? La angustia empezó recién entonces. Existía un pequeño adminículo que había que adquirir en Alemania, ingresarlo al país, y hacerlo viajar, a través de sus arterias, para que toque uno de los puntos más recónditos en el cerebro y ‘lo cure’. Necesitaba que le implantaran un stent intracerebral.

En el año 2005 nunca se había realizado en toda la Patagonia un procedimiento similar. Tan preciso, tan complejo, tan “riesgoso”.

Era un desafío y una especificidad en neurocirugía tan novedosa como impensada. Necesitaba en forma urgente de una terapia endovascular neurológica.

Sara entonces conoció a una especialista en la materia, la cirujana especialista en neurología, Miriam Vicente, y confió en sus manos. “Me dio una segunda oportunidad de vida”, dijo.

Fueron largos meses de idas y vueltas, de pedidos, de reclamos, de respuestas que llegaban a cuentagotas de PAMI, pero el “milagro” ocurrió.

“Fue tremendo. Fueron meses en que pensamos que –de un segundo a otro- mi mamá se podía morir”, contó a LMNeuquén, Patricia Núñez, la hija de la primera paciente que “estrenó” un stent intracerebral.

Prácticamente, sus dos hijos casi adolescentes, la pusieron en una “cajita de cristal”. “Nos dijeron ‘no se puede emocionar’, no se puede sorprender, no puede sentir nada fuerte, hacer esfuerzos… porque se le puede reventar ese aneurisma grande que tenía en su cabeza. Era una bomba de tiempo…”, explicó.

Sin embargo, no fue fácil, pero ganaron sus ganas de vivir, su fe y esperanza. “Las pasamos todas. Cuando estábamos esperando la operación, nos entraron a robar y agarraron una cajita donde pensaron que podía haber joyas y eran las cenizas de mi papá… Las tiraron en la cama, hicieron un desastre… y mi mamá fue la que vio todo. No sabemos cómo resistió”.

Por fortuna, el gran día llegó y se logró con éxito concretar el primer implante de un stent intracerebral en la Patagonia, a una paciente portadora de un aneurisma intracerebral, localizado muy próximo a la arteria oftálmica, el cual comprometía la visión de Sara Orellana.

Una técnica supernovedosa hace 17 años, que hoy es de práctica habitual, contó Vicente, jefa de Servicio de Neurointervenciosmo del grupo Leben Salud y referente de la Red Provincial de Ataque Cerebrovascular en Neuquén.

“Nunca habíamos escuchado cómo era la operación, pensamos la van a pelar, le van a abrir la cabeza, y cuando salió no tenía nada de nada. ¡La operaron por la ingle! Es un milagro lo que es capaz de hacer la medicina, los médicos que tenemos. Ella adora a su médica”, sonrió Patricia.

Hoy en día se realizan más de 200 operaciones anuales dentro del equipo de Leben Salud.

Neurointervencionismo

En el año 2004 se inauguró el primer Servicio de Neurointervencionismo en la Patagonia, específicamente en la Fundación Médica de Río Negro y Neuquén.

La terapia endovascular neurológica o neurointervencionismo, es una técnica mínimamente invasiva que permite el diagnóstico y tratamiento de diversas enfermedades cerebrales y medulares vasculares complejas. Como el aneurisma cerebral, que es “una dilatación de una arteria dentro de la cabeza” que puede originarse “a partir de una debilidad en la pared de la arteria y va creciendo a lo largo de la vida con la posibilidad de romperse y producir una hemorragia cerebral”.

miriam vicente

Estos procedimientos son realizados en áreas especiales denominadas “Salas de Hemodinamia”, en muchas ocasiones se realizan con el paciente despierto, ya que se le aplica una pequeña cantidad de anestésico local en la ingle o en la muñeca (dependiendo de la elección de la vía de acceso), explicó Vicente.

Posteriormente se coloca un introductor (similar a los utilizados en la colocación de sueros intravenosos) y “a través de este dispositivo, introducimos catéteres especiales dentro de los vasos sanguíneos cerebrales, lo cual no produce dolor al paciente”, describió.

El médico intervencionista navega estos catéteres mediante las imágenes obtenidas con el angiógrafo después de la administración del medio de contraste.

“De esta manera podemos diagnosticar patologías cerebrovasculares y además esta técnica nos permite brindar un tratamiento oportuno durante el mismo procedimiento, ya que con la utilización de dispositivos especiales (coils, stents y agentes embolizantes) podemos ocluir los vasos sanguíneos anómalos”.

Especialmente importante en el tratamiento de ataque cerebrovascular este procedimiento también permite “destapar” vasos sanguíneos ocluidos por coágulos (infarto cerebral). “Esto se consigue mediante la utilización de sustancias químicas o dispositivos mecánicos, los cuales nos permiten restablecer la irrigación sanguínea normal”.

El grupo médico de Centro de Neurociencias dirigido por la Dra Miriam Vicente, jefa de Servicio de Neurointervenciosmo del grupo Leben Salud, actualmente realiza más de 200 procedimientos terapéuticos anuales.

Una especialidad en la cual solo existen en Argentina 12 mujeres neurointervencionistas. “Somos 12 mujeres especialistas en esto, en el país –explicó Vicente-. ¿Qué nos limita? las dificultades de las mujeres neurointervencionistas son varias: tiempo de estudio prolongado, dedicación a casos clínicos difíciles, planificación familiar en función de las radiaciones a las que estamos expuestas”.

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