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Hace 56 años llegaba Jaime

El día que Jaime llegó a Neuquén una multitud fue a recibirlo al puente carretero para darle la bienvenida.

Él quería ser militar porque en su familia había varios uniformados y en esa época la carrera de las armas estaba muy bien vista en la sociedad argentina. Pero terminó estudiando abogacía en la Universidad de Buenos Aires por un pedido que le había hecho su padre, poco antes de morir.

Fue a los 30 años, cuando Jaime Francisco de Nevares decidió ingresar a la congregación salesiana para ordenarse como sacerdote seis años después, aunque su vida cambiaría radicalmente cuando el papa Juan XXIII lo designó como obispo de la flamante Diócesis de Neuquén.

Jaime, Don Jaime o el Cura Gaucho, como lo llamaban los feligreses, tuvo una activa participación en la Iglesia y se convirtió en un férreo defensor de los humildes, a tal punto que la ciudad de Neuquén fue (y lo es todavía) identificada como la capital de los derechos humanos.

El obispo nunca se calló ni se dejó amedrentar por los gobiernos dictatoriales. Es más, los enfrentó y siempre se puso del lado de los oprimidos, como cuando defendió la lucha y el reclamo de los obreros, durante el famoso Choconazo. Sobrevivió en aquellos años duros de violencia e intolerancia, simplemente por el enorme cariño que le tenía la gente.

Un día como hoy, de 1961, Don Jaime llegaba a Neuquén, se hacía cargo de la diócesis y elegiría a esta provincia para toda la vida. Atrás quedaría su carrera de abogacía, aquel primer intento por ser militar y los años de su infancia y adolescencia dentro de una familia acomodada.

Pasaron 56 años de aquel día. Casi nada para una ciudad con tan poco historia como la de Neuquén.