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Un grupo de científicos reveló que se comenzó a ver señales de la respuesta inmunitaria del organismo humano, incluso en aquellos que padecieron una infección leve, frente al COVID-19. "Las cosas están funcionando como deben ser", señalaron, tras las preocupaciones surgidas hace algunos días sobre la duración de las defensas.
Los especialistas de la Universidad de Arizona y de la Universidad de Washington, de Estados Unidos, indicaron que los anticuerpos que combaten la enfermedad, así como las células inmunitarias que pueden reconocer al virus, llamadas linfocitos B y T, persisten durante meses después de que se controló la enfermedad. Pese a que los investigadores no pueden pronosticar cuánto tiempo durará esta respuesta inmunitaria, muchos expertos consideran que los datos son una buena señal de que las células más estudiosas del cuerpo están haciendo su trabajo y que tendrán una buena posibilidad de combatir al coronavirus con mayor rapidez y firmeza que antes, si vuelven a estar expuestas a él.
Los anticuerpos tienen una fecha de vencimiento: debido a que son proteínas inanimadas y no células vivas, no pueden reabastecerse, así que salen de la sangre pocas semanas o pocos meses después de que se producen. Las reservas de anticuerpos aparecen poco tiempo después de que un virus traspasó las barreras del cuerpo y luego, se disipan conforme disminuye la amenaza.
También, muere la mayor parte de las células B que producen estos anticuerpos iniciales.No obstante, incluso cuando no está siendo atacado, el cuerpo conserva un batallón de células B más longevas que, si demuestran que pueden volver a ser útiles, es capaz de generar anticuerpos para atacar en masa a los virus. Algunos patrullan el torrente sanguíneo en espera de volver a ser disparados mientras que otros se refugian en la médula ósea y generan pequeñas cantidades de anticuerpos que se detectan años o, en ocasiones, décadas después de que se acaba una infección.
Recientemente, se descubrieron anticuerpos capaces de inhabilitar al coronavirus que persiste en niveles bajos en la sangre, meses después de que la persona se recuperó del COVID-19. El hecho de que los anticuerpos duren tanto después de la infección es una señal importante de que las células B siguen avanzando en la médula ósea. "Los anticuerpos disminuyen pero se estabilizan en lo que parece ser un punto mínimo estable, lo cual puede observarse unos tres meses después de que comienzan los síntomas. Parece que la respuesta es totalmente perdurable", comentó inmunólogo de la Universidad de Arizona y autor de uno de los nuevos estudios que aún no fue sido arbitrado, Deepta Bhattacharya.