Medía aproximadamente 1,70 metros de pie. Su descubrimiento permite analizar la evolución de estas especies.
Buenos Aires (Por Emanuel Pujol, Agencia CTyS) > “Se trata del esqueleto más completo que se tenga conocimiento, lo cual permitió comparar ciertas estructuras del cuerpo de los pingüinos gigantes que no estaban disponibles y evaluar si realmente existió la cantidad de especies que se creía hasta ahora”, comentó la paleontóloga Carolina Acosta Hospitaleche, encargada de estudiar el ejemplar de pingüino hallado en la Antártida.
Los restos fósiles fueron encontrados durante la campaña de verano 2011-2012.
La investigadora del Museo de La Plata y del Conicet, señaló que vivió hace 35 millones de años, cuando pingüinos de dimensiones sorprendentes imperaban en la Antártida. Medía aproximadamente 1,70 metros de pie, y se trata del ejemplar más completo que se haya encontrado.
Los pingüinos más altos de la actualidad pueden alcanzar los 1,20 metros de altura, muy lejos de lo que medían sus ancestros. Justamente, Hospitaleche fue la encargada de estudiar el ejemplar más grande que se haya descubierto hasta hoy, el cual superaba cómodamente los 2 metros de altura.
Cuesta pensar que existieran pingüinos de tal estatura. Lo cierto es que la similitud en el tamaño de los distintos ejemplares hallados puede dar a los científicos cierta idea sobre si pertenecen a la misma especie, si bien no es un factor muy preciso ni definitivo.
Por ello, que en este caso se hayan encontrado partes del ala, como así también fragmentos de sus patas y no sólo de la caja torácica, permite echar luz sobre la clasificación de los pingüinos gigantes.
”Antes de esta investigación, solamente se disponía de huesos dispersos y había una gran confusión acerca de la anatomía de Palaeeudyptes, el género de pingüinos al cual es asignado este ejemplar, y que posee cuatro especies”, afirmó la especialista. Y agregó: “Pero el estudio de este esqueleto nos indica que en Antártida podría haber habido una sola especie de Palaeeudyptes en aquellos tiempos”.
Previo a este descubrimiento, la clasificación de pingüinos estaba basada en los caracteres presentes en un elemento de la pata (el tarsometatarso). Por este motivo, los paleontólogos debían encontrar un ejemplar con ese mismo elemento del esqueleto para saber si pertenecía a la misma especie, como así también para poder compararlos y notar las similitudes y diferencias en sus morfologías.
“La ventaja que tenemos a partir de este hallazgo, es que podemos estudiar la morfología de los restantes huesos del esqueleto y así reconocer la especie a partir de otros elementos”, valoró Acosta Hospitaleche.