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“Hay que sacarles la verdad”

Lo sostuvo en su declaración el ex suboficial mayor Alberto Araujo en relación a los implicados por delitos de lesa humanidad que están siendo juzgados.
Control de las acciones represivas
A Gómez Arena se lo incrimina como la persona que ordenaba y controlaba distintas actividades represivas ejecutadas por otros jefes castrenses.
Su conducta penal fue calificada por el Juez Federal Guillermo Labate de privación ilegitima de la libertad agravada que implicó la desaparición forzada de una de las víctimas, la aplicación de tormentos psíquicos y físicos agravados por ser perseguidos políticos, allanamiento ilegal y robo.

Confirmaciones
En su declaración de ayer, el ex suboficial mayor Alberto Aníbal Araujo sostuvo que las operaciones que se ejecutaban en el centro clandestino correspondían al comando de la Subzona 52.
Araujo, quien desempeñó tareas en el Batallón desde 1977 hasta 1983 y que se retiró de la fuerza en 1990, recordó que primero fue destinado al grupo Personal, posteriormente a Justicia de la Plana Mayor y que se encontraba bajo las órdenes del Teniente Coronel Enrique Braulio Olea.
Reconoció que tenía conocimiento “no oficial” del funcionamiento de La Escuelita donde se interrogaba a personas vinculadas con la subversión y, además, señaló que el personal provenía de Inteligencia.
“Si alguien está implicado hay que sacarle la verdad”, expresó Araujo ante las preguntas de Manuel de Reyes Balboa, fiscal del Tribunal Federal Oral.
Consideró que “había que ser medio contundente para obtener una confesión”, pero descartó de lleno avalar la aplicación de tormentos porque “me parece una aberración, no es lícito”, agregó.
En otro tramo de su testimonio, Araujo, manifestó que La Escuelita dependía del Comando y de Inteligencia “no era un ente orgánico del Batallón”, y puntualizó que los grupos de tareas “eran los que luchaban contra la subversión”.

Reuniones
El ex suboficial señaló también que en el Batallón se realizaban reuniones semanales “secretas y a puertas cerradas” en las que participaban, además de los jefes militares, integrantes de la Policía provincial y Federal, Prefectura y de todos los organismos de seguridad de la provincia.

“Quiero vivir en paz”
El ex suboficial mayor Ricardo Bustos fue otro de los militares allegados al Batallón de Ingenieros que prestó su declaración en la audiencia de ayer.
Bustos, quien aclaró que su responsabilidad en la Compañía de Construcciones del batallón fue la de técnico de máquinas viales, confirmó que en el edificio donde fue emplazada La Escuelita en un principio funcionó la caballeriza, posteriormente como depósito del intendente del cuartel y que en 1976 se colocó un cartel que decía “Zona restringida. Explosivos”.
Señaló que supo por comentarios que en ese lugar hubo gente detenida, que llegaban militares.
Bustos manifestó que en aquel tiempo “nadie hablaba del tema porque todos teníamos miedo” y pidió al Tribunal “que se haga justicia porque quiero vivir en paz”.

Soldado en compañía antisubversiva
Héctor González, ex soldado conscripto clase 1955, formuló importantes aseveraciones que conformaron al Fiscal Federal Manuel de Reyes Balboa.
González señaló que fue incorporado el 12 de marzo de 1976 y destinado “a la compañía B antisubversiva que se ocupaba de los operativos”, precisó.
Aseguró que participó de varios allanamientos en domicilios particulares revelando que en una ocasión fueron con un camión militar, desmantelaron una casa en Balsa Las Perlas y cargaron todo lo que pudieron.
Manifestó que “un hombre al que lo identificaban como ‘El Verdugo’ se movía por distintos sectores del edificio de civil y que tenía una barba tipo candado”. Descripción que coincide con la del jefe de Inteligencia Mario Alberto Gómez Arena que hiciera Alberto Araujo.
González informó que las guardias estaban a cargo de los oficiales de la compañía B.
“Suponíamos que las personas que estaban desapareciendo estaban en ese lugar”, precisó.



Neuquén > Para la jornada de hoy están citados a declarar en el Tribunal Federal Oral de esta capital varios de los ex conscriptos que cumplieron el servicio militar obligatorio en el Batallón de Ingenieros en Construcciones 181 donde funcionaba el centro clandestino de detención La Escuelita, construido al sudeste del terreno donde aún funciona la mencionada unidad militar, a la vera de la Ruta Nacional 22 .
Los testigos que se presentarán durante la mañana de hoy serán Luis Vial, Daniel Zapata, Emiliano Noriega y Daniel Tejedor.
En tanto, por la tarde se escuchará el testimonio que brindarán Aldo Araya, Oscar Nicosia y José León, también ex conscriptos.
También fue citado a declarar
Luis Velázquez, hijo de quien fuera el dueño de la cantina que funcionaba dentro del batallón militar.


Oscar Landaeta recordó que, desobedeciendo órdenes, pudo observar cómo los retiraban del interior del centro clandestino de detención.

Landaeta participó del desmantelamiento de La Escuelita. «Vi que en las paredes había marcas de disparos y mucha sangre», dijo.

Neuquén > “En una ocasión, desobedeciendo las órdenes de no acercarse a La Escuelita, fui arrastrándome desde mi puesto y pude ver como tres militares sacaron a tres personas muertas de ese lugar y las tiraron a un camión Unimog”, relató ayer en el juicio a ocho de los represores acusados de delitos de lesa humanidad, Oscar Landaeta, quien cumplió el servicio militar obligatorio en el Batallón 181 desde marzo de 1978 hasta junio del año siguiente.
El testigo recordó con crudeza esa situación y dijo que esperó treinta años que llegara este momento.
Explicó que aunque uno de sus compañeros le suplicó que no vaya ya que los militares lo iban “a cagar a tiros” fue hacia ese sitio porque escuchó “disparos y gritos” y «quería saber lo que estaba pasando».
Con su testimonio, Landaeta comprometió a toda la cadena de mandos de esa unidad militar. Además aportó información y datos acerca del funcionamiento del centro clandestino que funcionó en el batallón militar.
Si bien no pudo distinguir si esas personas eran hombres o mujeres, confirmó que estaban muertas por la manera “en que los suboficiales los balanceaban y los tiraban a un vehículo”.
Landaeta declaró que junto a veinte conscriptos formaban parte de la Compañía “C” de Construcciones del Ejército, un grupo especial seleccionado por las autoridades de la unidad militar que tenía a cargo las guardias de todos los puestos del batallón incluidos el de La Escuelita.
Aclaró que no le tocó realizar este servicio en el interior del centro de detención ilegal pero aseguró que sí varios de sus compañeros.
“Noriega, Nicosia, Córdoba, Rivero, que creo que después siguió la carrera militar, León, Costilla, Vera”, fueron algunos de los conscriptos que Landaeta nombró como posibles poseedores de mayores conocimientos de lo que pasaba dentro de La Escuelita “porque cumplían guardias allí”.

Desmantelamiento
Unos diez soldados de este grupo especial participaron del desmantelamiento del centro de detención ilegal y que según Landaeta debe haber sido a comienzos de 1979.
El testigo describió que varios de sus compañeros se encargaron de pintar con cal varias veces las paredes para poder tapar la sangre que había en ellas.
“A mí me tocó sacar ropa ensangrentada y limpiar el lugar. Vi que en las paredes había marcas de disparos y mucha sangre”, precisó.
“Desmantelamos toda La Escuelita. Había una mesa y un fogón. Después una especie de cerco”, describió el testigo quien recordó que le encomendaron “no dejar ningún tipo de evidencia de nada”.
Landaeta recordó que para entrar al centro ilegal había «una puerta de fantasía”, dijo.
Además, el ex soldado recordó que se podía observar el desplazamiento de vehículos y mencionó un Falcón verde como el que más concurría al lugar.
Con respecto a lo que se sabía por ese entonces sobre lo que ocurría dentro de La Escuelita, Landaeta sostuvo que “allí tenían a los zurdos, gente subversiva”. “No debe haber sido nada agradable estar ahí adentro”, concluyó.

Gritos y tiros en La Escuelita
Manuel Vera Urrutia, actual figura del ámbito cultural del Alto Valle, realizó el servicio militar obligatorio en 1976 en el Batallón y testificó ayer que durante las noches escuchaba gritos desgarradores y balaceras que provenían de La Escuelita.
Además declaró que en varias oportunidades escuchó helicópteros que llegaban a ese lugar y que era normal el permanente ingreso de vehículos entre los que recordó un Renault 12, un Fiat 148 y algunos Ford Falcón.
Ante las insistentes preguntas del defensor, Hernán Corigliano, sobre si desde su “lejano” lugar de descanso escuchaba los gritos, Vera reafirmó que sí.
Como integrante de la Compañía Comando y Servicio, a Vera se le encargó la tarea de instalar los cables de teléfono del edificio construido donde funcionó La Escuelita. Según lo que le dijeron sus superiores “allí se dictarían capacitaciones para los oficiales”, expresó. “Una vez hubo un desperfecto en la instalación y fuimos hasta allá pero ya no me dejaron entrar”, explicó el testigo.
Vera declaró que su estadía como conscripto en la unidad militar “no fue para nada grata” y lo atribuyó a su pertenencia al movimiento cultural. Expresó que en varias oportunidades lo interrogaron sobre sus amigos, familiares o posibles intervenciones políticas.
En otro momento de su declaración, Vera mencionó a los militares “Olea, Gómez Arena, Reinhold, Papa y Lacave” quienes visitaban asiduamente el batallón
También manifestó que “la logística de La Escuelita se realizaba desde adentro del Batallón” y que la comida que le llevaban a los detenidos salía del comedor.   

Ausencia
Para ayer estaba citado a declarar Alfredo Guidi, otro ex conscripto que no se hizo presente en el Tribunal de la calle Carlos H. Rodríguez. La secretaria del Tribunal informó que Guidi hace 25 años que no vive en la dirección donde le enviaron la citación.