El jueves 23 de abril, en la entrevista exclusiva que le concedió a LM Neuquén, Darío Herrera, el neuquino del que habla todo el país, afirmaba con convicción: “Me siento preparado para dirigir el Superclásico”. Fue antes del inicio de la trilogía de duelos entre los conjuntos más populares de la Argentina por torneo local y Copa Libertadores. Al final, la gran chance de su vida le llega en el tercer y más importante enfrentamiento de la serie al oriundo de Andacollo, quien cumplirá el sueño de todo árbitro y también deberá ratificar en La Bombonera que realmente se encuentra capacitado para asumir tamaña responsabilidad.
Está ante una oportunidad única pero, al mismo tiempo, frente a una verdadera prueba de fuego quien se fue de joven a estudiar Educación Física a Lincoln y hasta entonces no pensaba ser árbitro.
Si sale airoso, le servirá como trampolín para su ascendente carrera, tal como señala el famoso ex juez Héctor Baldassi en esta edición. Acallará así a todos los que consideraron desacertada su elección, incluido la Coneja, por entender que un partido tan caliente reclamaba la experiencia del mundialista Néstor Pitana, al que Herrera, debutante en superclásicos, relegó en la designación. Si le va bien, será un motivo de orgullo para toda la provincia, que de por sí celebra que semejante privilegio recaiga sobre un neuquino. Pero si no concreta una feliz actuación, su carrera puede quedar marcada negativamente y perder consideración. Puede dar fe Germán Delfino... Son, en definitiva, los gajes del oficio. Al pitar el inicio, Darío experimentará aquella famosa frase de Ringo Bonavena: “Cuando suena la campana, te sacan el banquito y uno se queda solo...”. Ojalá que lo espere la gloria.