Heterodoxia y Economía

En la década de 2000, no sólo reaparecieron viejas tendencias de la evolución de la estructura productiva argentina, sino buena parte de las discusiones teóricas que quedaron truncas en los ‘70. Entre ellas, la vieja puja entre el pensamiento económico convencional y sus críticos. El reconocido economista Ernesto Bilder repasa la evolución de estos debates en la UNS y la UNCo.

Por Ernesto Bilder

En los años 1972 y 1973, un grupo de docentes de la Universidad Nacional del Sur (UNS) elaboró un proyecto de carrera de Licenciatura en Economía bajo una perspectiva heterodoxa. Una vez más se vivían tiempos de cambio en la historia política argentina.
La ciencia económica ortodoxa es la que se enseña en las grandes universidades y se proyecta en los manuales de estudio, siendo respetada por los organismos internacionales como el FMI. Aceptando sus supuestos y la idea que la competencia resuelve todo, es un cuerpo coherente y prolijo. Plantear alternativas es siempre una ardua tarea que requiere capacidad de innovar y cuestionar desde los límites de la economía hasta su método de análisis.
La propuesta de la UNS era básicamente un mensaje académico de apertura en el plan de estudio y creación de respuestas a la realidad en una nación lejana a los grandes centros.
En la presentación del nuevo plan en 1973 se declara que “se fundamenta la necesidad de replantear la enseñanza de Economía en función del tipo de economista que se desea formar, acorde con los requerimientos del país”. En los objetivos se afirmaba que era necesaria “una asimilación crítica del conocimiento acumulado… la trasmisión creativa de dicho conocimiento y la acción directa sobre la sociedad para contribuir a su desarrollo integral”. Adicionalmente colocaba la problemática del subdesarrollo como prioridad de estudio en una perspectiva integradora y crítica de la ciencia económica. Para evitar todo dogmatismo invitaba a “la discusión de las concepciones alternativas de la Economía”. A los clásicos se les reservaban tres cursos, partiendo de Adam Smith y David Ricardo hasta Karl Marx. Se estudiaba a Keynes, no ya a través de los textos de macroeconomía, sino revisando uno por uno sus aportes y en especial su “Teoría General, de la ocupación el interés y el dinero” en el contexto de la depresión mundial.
Incluía materias como “Doctrinas económicas y sociales” donde se analizaba el liberalismo, socialismo y social cristianismo entre otras grandes cosmovisiones.
Los antecedentes de este proyecto habían sido dados por la CEPAL durante la gestión de Raúl Prebisch como secretario ejecutivo (1950-1963), quien con  sus aportes cuestionó el saber tradicional. Así se analizaba el deterioro de los términos del intercambio, las nociones de centro y periferia, la industrialización por sustitución de importaciones, el sentido del progreso técnico  y el nuevo papel del Estado en un contexto institucional diferente.
Complementando la CEPAL, la “Teoría de la Dependencia” de Theotonio Dos Santos o Fernando H. Cardoso alertaba sobre la autonomía política de los países latinoamericanos. Sumaba al debate el naciente “Estructuralismo” que debatía con la ortodoxia identificada con el “Monetarismo” los orígenes y soluciones para el problema inflacionario. El gran maestro Julio Olivera aportaría trabajos fundamentales para comprender los argumentos.
Desde el Norte, Paul A. Baran diferenciaba el excedente real del potencial, señalando todo lo que se pierde en una sociedad por la ineficiencia y fallas de los mercados.
Toda esta nueva ciencia económica tenía un escepticismo crítico frente a las recomendaciones ortodoxas para resolver la problemática de nuestras sociedades, como muy bien lo analizó la profesora Nora Lustig.
Autores como Osvaldo Sunkel, Pedro Paz, Celso Furtado y María C. Tavares  sumarían valiosa literatura de esta corriente innovadora.
El nuevo plan de estudios de Economía que proponía un grupo de docentes de la UNS tuvo un final lamentable. En  los años 1974-1975 fue nombrado el Sr. Remus Tetu interventor simultáneo de dos universidades, la del Comahue y la UNS. Para ponerse a tono con el poder, este miserable personaje inició una persecución enloquecida en ambas casas de estudio. En Bahía Blanca expulsó a la mayoría de los integrantes del Departamento de Economía y obviamente suprimió la propuesta de renovación. En 1976 la locura persecutoria lo llevó a descubrir un plan siniestro contra el “ser nacional” que con  las complicidades de la época  represiva llevaron a la cárcel o al exilio a un importante grupo de profesores.
Remus Tetu no toleró por mucho tiempo el retorno de la democracia y por las dudas se marchó a su Rumania natal donde en 2003 fallecía sin culpa ni cargo de nada.
Quien escribe este artículo, por haber sido parte de la UNS y su proyecto, soportó nueve años de exilio inicialmente en México y finalmente en Canadá.
Décadas después, con otros escenarios regresaron los debates y cuestionamientos. Durante el reinado de la convertibilidad de Menem y Cavallo un grupo de docentes de la UBA y otras universidades en medio de la abrumadora cantata oficial que pregonaba el camino único y virtuoso, desafiaron el relato ortodoxo con el llamado Plan Fénix, que era una propuesta crítica del neoliberalismo reinante.
En nuestros días se ha regresado al debate de los paradigmas vigentes y su grado de coherencia al recomendar políticas económicas. Las turbulencias de Wall Street que sacuden al mundo, las deudas acumuladas por naciones europeas y los sucesivos programas de rescate han dado lugar a otro capítulo de dudas.
Las ideas keynesianas para controlar el ciclo recesivo con el gasto público y las bajas tasas han regresado. El objetivo de plantear el desempleo como el  problema de la Economía con el imperativo de construir políticas activas para reducirlo es hoy tema defendido por el premio Nobel Paul Krugman.  No obstante en países europeos la respuesta a la crisis continúa siendo la vieja receta de políticas austeras, con el delicado costo de raquíticas tasas de crecimiento.
Hoy se acepta que son más dañinas para el Primer Mundo las deflaciones que las inflaciones, recordando las lecciones de los años treinta, que son consultadas como laboratorio de errores. Joseph Stiglitz, otro Nobel, señalaba el 26/8/11 en Alemania: “Hay espacio para un nuevo marco de pensamiento económico en el mundo; las actuales teorías fallaron en anticipar la crisis y cuando ésta se produjo dijeron que la crisis estaba contenida o que se debía a problemas exógenos. Nada de esto resultó ser verdad”.
En Argentina se ha sumado a la heterodoxia, las jornadas de estudio del Banco Central han modificado totalmente su temática y expositores ya que en el pasado eran básicamente debates de economía tradicional.
Se discute sobre el sentido de la autonomía del Banco Central, los valores y riesgos de la inflación, el uso de reservas del país, el grado de control de mercados importantes, la validez de los subsidios, la sustitución de importaciones, el tamaño y relevancia del mercado interno y las políticas de retenciones a la exportación, entre otras cuestiones.
Concluyo pensando lo saludable de la construcción de nuevos paradigmas para que no exista sólo la Económica oficial  y recordando en este camino el notable esfuerzo e iniciativa de los docentes de la UNS en los años setenta.

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